Él habla, yo hablo, tú hablas...
Hablar por hablar o más bien hablar para escuchar, escucharse a sí mismo quizá.
Pero cuánto hay de verdad en ese batiburrillo de cosas, cuánto de ornamento y cuánto de estómago, hígado y, sobre todo, corazón.
Él dice, yo digo, tú dices...
Y lo que llega es cuarto y mitad de lo dicho, lo cual, tampoco era gran cosa.
Y abrimos la boca por lo escuchado, pero entonces, ¿tiene más valor lo que contamos que lo contado? ¿Somos sinceros y el anterior un bocazas?
En cuanto sale de la boca pasa por el tamiz del prejuicio, del jucio y la sentencia, que vuelve a ser expresada a voz en grito, quizá prejuzgada, juzgada y sentenciada, un patético círculo vicioso del que no se libra ni una palabra.
Escucho y me abro en canal e intento callar, bendito silencio, pero como piel y pellejo, como animal de pasiones, como muñeco de pulsiones, abro la caja de Pandora y se produce la estampida y no es la esperanza lo que queda, no, el mito estaba sesgado, es la culpa y el arrepentimiento escupiéndome desde el fondo de la caja, que no es otra que mi conciencia.
Porque hablo de hablar de más y no hago más que hablar. Y caigo tan bajo como aquel del que hablo. Y debería callar como aquel que no calló. Y tendría que aprender como ese que lo aprendió todo.
Y, ahora sí, no puedo hablar más porque ya os sepulté en palabras, solo dos para coronar mi montaña de exabruptos, desde lo más hondo, donde no existe el habla, donde se comprende sin palabras: lo siento.
14 de agosto de 2010
14 de julio de 2010
Filosofía
Quedarte a un paso de conseguirlo.
Tener que decir que no porque trabajas.
Que el fin de mes sea el día 15.
Dejar pasar un tren y otro y otro...
Que te despidan.
Que al despertador le dé por no sonar.
Que tu memoria te la juegue y se te olvide justo eso.
Llorar con el telediario.
Encogerte de hombros porque no puedes hacer nada más (y nada menos).
Que te domine la rabia de la impotencia.
Tropezarte con la mejor noche en mucho tiempo.
Probártelo y que no te entre.
Que te digan que no con una sonrisa que es como un puñal.
Bailar con la más fea.
Ser la más fea.
No poder evitarlo.
Las caras en el metro a las siete de la mañana.
Buscar en toda la casa para poder comprar tabaco.
Dejarte las llaves puestas.
Dar de mano.
Decir el comentario idiota.
La multa en el parabrisas del coche.
Soñar despierto.
Pasar la noche en vela.
Tener que decir que no porque trabajas.
Que el fin de mes sea el día 15.
Dejar pasar un tren y otro y otro...
Que te despidan.
Que al despertador le dé por no sonar.
Que tu memoria te la juegue y se te olvide justo eso.
Llorar con el telediario.
Encogerte de hombros porque no puedes hacer nada más (y nada menos).
Que te domine la rabia de la impotencia.
Tropezarte con la mejor noche en mucho tiempo.
Probártelo y que no te entre.
Que te digan que no con una sonrisa que es como un puñal.
Bailar con la más fea.
Ser la más fea.
No poder evitarlo.
Las caras en el metro a las siete de la mañana.
Buscar en toda la casa para poder comprar tabaco.
Dejarte las llaves puestas.
Dar de mano.
Decir el comentario idiota.
La multa en el parabrisas del coche.
Soñar despierto.
Pasar la noche en vela.
13 de junio de 2010
Cristales
No todo depende del cristal con el que se mire, porque, al fin y al cabo, mirar siempre implica ser externo, estar fuera, colocarse a distancia.
Hasta hace un tiempo, yo vivía así, a distancia de lo que ahora pienso, vivo y por suerte, no padezco, aunque lo sospecho.
Siempre he sabido quién soy, cómo soy, qué siento. Pero todo ha cambiado, simple y llanamente, porque he pasado de ser una persona normal: con sus opiniones, mejores o peores, sus pensamientos, unos más acertados que otros, sus vivencias, más exprimidas o menos; a ser, dependiendo de donde, una invertida, enferma o, simple y absolutamente, no existir.
Hasta hace un tiempo, lo miraba todo desde ese cristal, el mío, en el que pensaba que todo eso eran verdaderas barbaridades y atrocidades. Y que, incluso, me hacía caer en el más iracundo de los enfados al leer, ver o presenciar según qué cosas.
Pero ahora, no solo es ira, ahora también es miedo e indefensión. Porque ahora, habiendo dado un paso más en esa vida, que antes entraba completamente en todos los patrones establecidos, he pasado al otro lado. Un simple paso.
Ahora sé que no puedo caminar tranquila y alegre de tu mano en cualquier parte del mundo.
Ahora, puedo imaginar, solo imaginar por suerte, lo que tiene que ser que alguien me aprese, me juzque (o no), me condene y me ejecute, solo por querer besarte cuando pones esos ojos que piden a gritos eso, un beso.
Ahora tengo que tener una lista de países en los que alguien como tú y como yo directamente no existe y si lo hace, es objeto de completa aniquilación.
Ahora miró de reojo en según qué sitios con según qué gente, cuando quiero coger tu mano, no porque moleste, no porque incomode, no porque esté mal visto, sino porque, aquí, todavía, hay brazos ejecutores que se toman esa justicia por su mano.
Y antes me parecía fatal, antes protestaba por ello, antes discutía una y mil veces sobre ello, pero podía viajar a cualquier parte del mundo y lucirme en cualquier reunión, porque entraba en las estadísticas, aunque por dentro pudiera estar podrida.
Pero es que antes solo dependía del cristal con el que miraba.
Ahora depende de la piel en la que vivo.
Pero es esa piel la que me hace sentirme así de bien.
Esa piel que, por suerte, está mimada, cuidada y, sobre todo, apoyada.
Gracias a todos.
Y gracias a ti, por vivir en esta piel.
http://www.20minutos.es/noticia/235481/0/dia/internacional/homofobia/
Hasta hace un tiempo, yo vivía así, a distancia de lo que ahora pienso, vivo y por suerte, no padezco, aunque lo sospecho.
Siempre he sabido quién soy, cómo soy, qué siento. Pero todo ha cambiado, simple y llanamente, porque he pasado de ser una persona normal: con sus opiniones, mejores o peores, sus pensamientos, unos más acertados que otros, sus vivencias, más exprimidas o menos; a ser, dependiendo de donde, una invertida, enferma o, simple y absolutamente, no existir.
Hasta hace un tiempo, lo miraba todo desde ese cristal, el mío, en el que pensaba que todo eso eran verdaderas barbaridades y atrocidades. Y que, incluso, me hacía caer en el más iracundo de los enfados al leer, ver o presenciar según qué cosas.
Pero ahora, no solo es ira, ahora también es miedo e indefensión. Porque ahora, habiendo dado un paso más en esa vida, que antes entraba completamente en todos los patrones establecidos, he pasado al otro lado. Un simple paso.
Ahora sé que no puedo caminar tranquila y alegre de tu mano en cualquier parte del mundo.
Ahora, puedo imaginar, solo imaginar por suerte, lo que tiene que ser que alguien me aprese, me juzque (o no), me condene y me ejecute, solo por querer besarte cuando pones esos ojos que piden a gritos eso, un beso.
Ahora tengo que tener una lista de países en los que alguien como tú y como yo directamente no existe y si lo hace, es objeto de completa aniquilación.
Ahora miró de reojo en según qué sitios con según qué gente, cuando quiero coger tu mano, no porque moleste, no porque incomode, no porque esté mal visto, sino porque, aquí, todavía, hay brazos ejecutores que se toman esa justicia por su mano.
Y antes me parecía fatal, antes protestaba por ello, antes discutía una y mil veces sobre ello, pero podía viajar a cualquier parte del mundo y lucirme en cualquier reunión, porque entraba en las estadísticas, aunque por dentro pudiera estar podrida.
Pero es que antes solo dependía del cristal con el que miraba.
Ahora depende de la piel en la que vivo.
Pero es esa piel la que me hace sentirme así de bien.
Esa piel que, por suerte, está mimada, cuidada y, sobre todo, apoyada.
Gracias a todos.
Y gracias a ti, por vivir en esta piel.
http://www.20minutos.es/noticia/235481/0/dia/internacional/homofobia/
1 de junio de 2010
David y Goliat
Nos han convencido de que la historia la escriben los vencedores y por esa culpabilidad que nos atenaza, hemos conseguido que, en ciertas ocasiones, la historia la escriba el perdedor, mejor dicho, que la historia la escriban los que ganan siempre que se han puesto del lado del perdedor porque algo les interesa, o porque, por una vez, milagrosamente, el perdedor (momentáneo) era un antiguo ganador.
Lo malo es que ya sabemos cómo somos y hemos sido testigos, y lo somos, de que esos perdedores, cuando se les da la razón, o lo que es peor, se les da el peso de la historia, se vuelven vencedores y empiezan a actuar como tales y el poder, el PODER, con mayúsculas, mira impasible cómo se vuelve a recorrer el bucle, presencia un deja vú de horrores con distintos directores de orquesta, porque las vícitimas, al final, sí que son siempre las mismas, desgraciadamente.
Todas las religiones tienen un David y un Goliat y todas escriben el relato de cómo de tirano se vuelve David cuando accede al trono de Goliat, claro que, justificadamente, pero esa parte se suele leer menos o con menos conciencia de todos aquellos a los que aplasta, (aunque fueran seguidores de Goliat supongo que también les dolería).
Me pregunto qué sería Goliat antes de tener unos buenos patrocinadores, porque ser un gigante no se consigue en dos días...
Nunca sabremos si ese Goliat no fuera en su momento un marginado oprimido y visionario, elegido por su dios.
Lo malo es que ya sabemos cómo somos y hemos sido testigos, y lo somos, de que esos perdedores, cuando se les da la razón, o lo que es peor, se les da el peso de la historia, se vuelven vencedores y empiezan a actuar como tales y el poder, el PODER, con mayúsculas, mira impasible cómo se vuelve a recorrer el bucle, presencia un deja vú de horrores con distintos directores de orquesta, porque las vícitimas, al final, sí que son siempre las mismas, desgraciadamente.
Todas las religiones tienen un David y un Goliat y todas escriben el relato de cómo de tirano se vuelve David cuando accede al trono de Goliat, claro que, justificadamente, pero esa parte se suele leer menos o con menos conciencia de todos aquellos a los que aplasta, (aunque fueran seguidores de Goliat supongo que también les dolería).
Me pregunto qué sería Goliat antes de tener unos buenos patrocinadores, porque ser un gigante no se consigue en dos días...
Nunca sabremos si ese Goliat no fuera en su momento un marginado oprimido y visionario, elegido por su dios.
19 de mayo de 2010
30 años
"Walk in silence,
Don't walk away, in silence.
See the danger,
Always danger,
Endless talking,
Life rebuilding,
Don't walk away.
Walk in silence,
Don't turn away, in silence.
Your confusion,
My illusion,
Worn like a mask of self-hate,
Confronts and then dies.
Don't walk away.
People like you find it easy,
Naked to see,Walking on air.
Hunting by the rivers,
Through the streets,
Every corner abandoned too soon,
Set down with due care.
Don't walk away in silence,
Don't walk away".
Joy Division "Atmosphere".
Don't walk away, in silence.
See the danger,
Always danger,
Endless talking,
Life rebuilding,
Don't walk away.
Walk in silence,
Don't turn away, in silence.
Your confusion,
My illusion,
Worn like a mask of self-hate,
Confronts and then dies.
Don't walk away.
People like you find it easy,
Naked to see,Walking on air.
Hunting by the rivers,
Through the streets,
Every corner abandoned too soon,
Set down with due care.
Don't walk away in silence,
Don't walk away".
Joy Division "Atmosphere".
8 de abril de 2010
El primer día de cole
Empecé el colegio, como casi todo el mundo, a los cinco años.
A esa edad todo hace que tus ojos se vuelvan el doble de grandes del asombro y que tus piernas, nerviosas, se muevan en pos de ello.
Los mayores son ese gran pozo de sabiduría y ese gran abrazo de confianza. Una gran fortaleza donde protegerse y habitar seguro.
Fui a un colegio de monjas, es decir, de religión católica, como mucha gente en este país.
Así que ahí estaba yo, con mi unirforme, mi baby y todos mis miedos repartidos por los bolsillos, y ahí estaban ellas, las monjas, que eran, allí, esa persona mayor necesaria donde poder refugiarse y esconderse, donde asomarse para acceder al mundo.
Se convierten en esas madres que ellas mismas se autodenominan. Y de su mano íbamos creando pasito a pasito una pequeña parte de lo que hoy somos.
En ese momento Jesús era mi mejor amigo gracias a ellas y ser católico era algo sobre lo que había ninguna duda.
Te hablaban de todas aquellas grandes empresas que el cristianismo y la religión habían hecho por el mundo y por todos nosotros y por eso todas llevábamos con gran orgullo el estandarte de pertenecer a la Iglesia allí donde fuéramos.
Pero claro, a los cinco años, tu profesor, profesora, religioso o no, es casi como ese Dios en el que hay que creer.
Esa pequeña esponja que tienes por mente absorbe todo lo que su boca suelta, sea como sea, venga de donde venga, y ese globo que es tu admiración, se va hinchando en cada sentencia, en cada descubrimiento.
Por eso todas queríamos ser misioneras, enfermeras o profesoras y casi nos poníamos la zancadilla por ayudar a la madre Charo, o a la madre Belén, o a la madre Conce... en cualquiera de las infinitas, importantísimas y elevadas tareas que llevaban a cabo.
Y a pesar de los años, del aprendizaje, de la decepción, de la apertura... siempre asoma la sonrisa en mis labios cuando pienso en aquellos años e incluso cuando pienso en cualquiera de ellas.
Porque las quería de verdad, las adoraba, las admiraba hasta tal punto, que si me hubieran dicho en ese momento, con cinco años, que me quedara con ellas a vivir, (con las consabidas visitas de mi madre), no me lo hubiera pensado, hubiera cogido mi baby y mi uniforme, y les hubiera tendido la mano para que me llevaran hacia dentro, como hacía cada mañana cuando llegaba al cole.
Por eso me duelen las entrañas cuando he sabido de aquellos que, embestidos con esa aureola de santidad que solo puede conceder el alma de un niño, sacian su hambre enfermiza y su necesidad más atroz con ellos.
Mi mente se revuelve, se retuerce, es incapaz de pensar en que alguien pueda tomar una de esas manitas asustadas, asombradas, confiadas, en su primer día de colegio, de catequesis, de misa... y llevarlas al más crudo de los infiernos.
Como he dejado entrever más arriba, la experiencia, el aprendizaje, la vida... han hecho que ya no sea católica. Pero conozco a gente que lo es fervientemente y que claro está, también fueron niños asombrados, confiados, maleables... Por eso confío en que sean todos ellos, los que, haciendo un simple ejercicio de empatía aderezado con su memoria, sientan ese asco que me invade a mí e intenten acabar con todo, aunque para ello tengan que arrancar raíces y minar las bases, porque esas ya se han autodestruido lo suficiente con el silencio y la ceguera.
Para que puedan volver a ver a un niño con la mano extendida su primer día de colegio sin sentir cómo les puede la vergüenza.
A esa edad todo hace que tus ojos se vuelvan el doble de grandes del asombro y que tus piernas, nerviosas, se muevan en pos de ello.
Los mayores son ese gran pozo de sabiduría y ese gran abrazo de confianza. Una gran fortaleza donde protegerse y habitar seguro.
Fui a un colegio de monjas, es decir, de religión católica, como mucha gente en este país.
Así que ahí estaba yo, con mi unirforme, mi baby y todos mis miedos repartidos por los bolsillos, y ahí estaban ellas, las monjas, que eran, allí, esa persona mayor necesaria donde poder refugiarse y esconderse, donde asomarse para acceder al mundo.
Se convierten en esas madres que ellas mismas se autodenominan. Y de su mano íbamos creando pasito a pasito una pequeña parte de lo que hoy somos.
En ese momento Jesús era mi mejor amigo gracias a ellas y ser católico era algo sobre lo que había ninguna duda.
Te hablaban de todas aquellas grandes empresas que el cristianismo y la religión habían hecho por el mundo y por todos nosotros y por eso todas llevábamos con gran orgullo el estandarte de pertenecer a la Iglesia allí donde fuéramos.
Pero claro, a los cinco años, tu profesor, profesora, religioso o no, es casi como ese Dios en el que hay que creer.
Esa pequeña esponja que tienes por mente absorbe todo lo que su boca suelta, sea como sea, venga de donde venga, y ese globo que es tu admiración, se va hinchando en cada sentencia, en cada descubrimiento.
Por eso todas queríamos ser misioneras, enfermeras o profesoras y casi nos poníamos la zancadilla por ayudar a la madre Charo, o a la madre Belén, o a la madre Conce... en cualquiera de las infinitas, importantísimas y elevadas tareas que llevaban a cabo.
Y a pesar de los años, del aprendizaje, de la decepción, de la apertura... siempre asoma la sonrisa en mis labios cuando pienso en aquellos años e incluso cuando pienso en cualquiera de ellas.
Porque las quería de verdad, las adoraba, las admiraba hasta tal punto, que si me hubieran dicho en ese momento, con cinco años, que me quedara con ellas a vivir, (con las consabidas visitas de mi madre), no me lo hubiera pensado, hubiera cogido mi baby y mi uniforme, y les hubiera tendido la mano para que me llevaran hacia dentro, como hacía cada mañana cuando llegaba al cole.
Por eso me duelen las entrañas cuando he sabido de aquellos que, embestidos con esa aureola de santidad que solo puede conceder el alma de un niño, sacian su hambre enfermiza y su necesidad más atroz con ellos.
Mi mente se revuelve, se retuerce, es incapaz de pensar en que alguien pueda tomar una de esas manitas asustadas, asombradas, confiadas, en su primer día de colegio, de catequesis, de misa... y llevarlas al más crudo de los infiernos.
Como he dejado entrever más arriba, la experiencia, el aprendizaje, la vida... han hecho que ya no sea católica. Pero conozco a gente que lo es fervientemente y que claro está, también fueron niños asombrados, confiados, maleables... Por eso confío en que sean todos ellos, los que, haciendo un simple ejercicio de empatía aderezado con su memoria, sientan ese asco que me invade a mí e intenten acabar con todo, aunque para ello tengan que arrancar raíces y minar las bases, porque esas ya se han autodestruido lo suficiente con el silencio y la ceguera.
Para que puedan volver a ver a un niño con la mano extendida su primer día de colegio sin sentir cómo les puede la vergüenza.
22 de marzo de 2010
Ellos y nosotros
Puede que lleguéis a engañar a alguien, aunque creo que no más que a vosotros mismos. Con echaros un simple vistazo, no hay que ser muy lince para ver que sí, que a ese que tenéis ahí dentro, que se hace llamar conciencia, lo tenéis bastante engañado y claro, por eso va tan sobrado. Y soltáis por la boca esas perlas que suenan a mayúsculas y chisporroteos de neones: RESPETO... JUSTICIA... COMPRENSIÓN... ARTE... VALOR... SABER...
E incluso os dais palmadas en el pecho a vosotros mismos en señal de dignidad y en la espalda los unos a los otros para reconoceros y congraciaros, por ser los elegidos, los que mostráis al mundo todo lo que es, lo que no, y cómo debe ser.
Y como no todo el mundo posee esa mente preclara ni el título que lo afirma.
Y como no todos hablan esas palabras con mayúsculas y neones.
Y como la gran mayoría desconoce la realidad, la verdad.
Por eso los tratáis como verdadera y real basura, justificadamente.
E incluso os dais palmadas en el pecho a vosotros mismos en señal de dignidad y en la espalda los unos a los otros para reconoceros y congraciaros, por ser los elegidos, los que mostráis al mundo todo lo que es, lo que no, y cómo debe ser.
Y como no todo el mundo posee esa mente preclara ni el título que lo afirma.
Y como no todos hablan esas palabras con mayúsculas y neones.
Y como la gran mayoría desconoce la realidad, la verdad.
Por eso los tratáis como verdadera y real basura, justificadamente.
4 de marzo de 2010
Han dado de mano...
Mi cerebro hierve y entra en ebullición, creo que las pocas neuronas que dejaron los vicios excesivos, las voy a acabar llevando al pelotón de fusilamiento yo solita. Más bien, creo que se están suicidando de motu proprio.
-"Pero ¿qué haces? Tienes toda una vida de tribulaciones por delante".
-"Por eso mismo, no puedo más... Adiós mundo cruel, conciencia dictadora".
Porque es ahora, precisamente ahora, cuando más tendrían que estar bramando, cuando tendrían que estar descargando su ira incontrolada. Ahora que no tienen hacia donde mirar sin encontrar una fabulosa diatriba. Ahora, han dado de mano.
He dado de mano.
Y siendo un poco observador, ¿a alguien le extraña?
-"Pero ¿qué haces? Tienes toda una vida de tribulaciones por delante".
-"Por eso mismo, no puedo más... Adiós mundo cruel, conciencia dictadora".
Porque es ahora, precisamente ahora, cuando más tendrían que estar bramando, cuando tendrían que estar descargando su ira incontrolada. Ahora que no tienen hacia donde mirar sin encontrar una fabulosa diatriba. Ahora, han dado de mano.
He dado de mano.
Y siendo un poco observador, ¿a alguien le extraña?
5 de febrero de 2010
Realidad y verdades
Cuando una realidad se compone de tantas y tantas verdades se hace insostenible. Alguna de esas certezas, casi siempre la más ignorada, intenta abrirse paso entre todas las demás y hacerse escuchar, sobre todo por la que está en el culmen, en la cúspide de esa realidad, (suele ser la verdad más minoritaria y por eso, aunque suena paradójico, la más irreal).
Cuando esto ocurre, la realidad se tambalea y comienzan a surgir los absurdos, las contradicciones, las falacias... Y el elemento más débil, que también ironía, es el que se hace sabedor y receptor de todo ello, desaparece.
Es lo que está ocurriendo ahora mismo.
Lo que no sé es si seremos conscientes antes y no llegaremos a desaparecer. Aunque, cuántos lo harán en ese trayecto por la realidad.
Cuando esto ocurre, la realidad se tambalea y comienzan a surgir los absurdos, las contradicciones, las falacias... Y el elemento más débil, que también ironía, es el que se hace sabedor y receptor de todo ello, desaparece.
Es lo que está ocurriendo ahora mismo.
Lo que no sé es si seremos conscientes antes y no llegaremos a desaparecer. Aunque, cuántos lo harán en ese trayecto por la realidad.
13 de enero de 2010
Iris
Permíteme, Iris, que te llame por tu nombre de pila. Que por cierto, es muy bonito.
Es que lo de llamarte Mrs Robinson es muy educado y además, tiene su gracia, pero a estas alturas de la película, ya me cansa un poco, (qué te voy a decir a ti).
Aunque se pudiera deducir lo contrario, Iris, me caes rematamente bien.
Te tengo una simpatía tierna e incluso fraternal.
Porque te veo ahora allí, en el psiquiatra, sintiéndote como todos esos perdidos e invertidos a los que tanto has perseguido y vilipendiado, y me da autentica pena.
Porque sé que seguramente, tú te has entregado a esos hombres con todo tu ser y con lo que no lo es, (como esas 50 000 libras de ala) y al final te has dado cuenta que a quien te has entregado realmente ha sido a la vergüenza y al escarnio.
Porque tu fe que tanto enarbolabas como bandera y pilar, al final solo sirve de juez y verdugo totalmente ajeno y lejano a la condición humana. Que es lo que somos, Iris, simples y pequeños humanos.
Porque ahora los de uno y otro bando no están dejando de ti ni los huesos. Con lo que se están igualando en la misma condición.
Y como siempre me he resistido a pertenecer a tal condición. Te invito, Iris, a ya que has entreabierto los ojos, los abras del todo. A que recuerdes esos momentos de placer que te dieron tus chicos, en los que tu piel por fin, se sintió, sencillamente, piel: plena, sentida, vibrante, deseada... Sin ser ningún vehículo a nada más que la felicidad. Que los recuerdes y sepas que tú en esos momentos, seguías siendo la mima persona, creyente, buena, trabajadora... Pero distinta en un pequeño detalle, eras extasiadamente feliz.
Te invito, Iris, a que releas todo ese dogma que te ha acompañado de por vida y que ahora es tu patíbulo. Y que mires a los ojos a todos esos a los que tachabas hasta de inhumanos, para que te dés cuenta de que somos muchos de nosotros los que ahora te daríamos un abrazo y unas palabras de ánimo.
Sé que por un instante todo eso te ha debido pasar por la cabeza, aunque todos esos que se hacen llamar hombres de ciencia, porque lo tienen en un diploma, ya te lo habrán sacado incluso mediante una lobotomía.
Pero también sé, que la semilla ya está bien enterrada y que terminara por germinar, si no lo ha hecho ya, porque la piel, los sentidos, el sexo, el placer... tiene memoria.
Un abrazo, Mrs Robinson.
Es que lo de llamarte Mrs Robinson es muy educado y además, tiene su gracia, pero a estas alturas de la película, ya me cansa un poco, (qué te voy a decir a ti).
Aunque se pudiera deducir lo contrario, Iris, me caes rematamente bien.
Te tengo una simpatía tierna e incluso fraternal.
Porque te veo ahora allí, en el psiquiatra, sintiéndote como todos esos perdidos e invertidos a los que tanto has perseguido y vilipendiado, y me da autentica pena.
Porque sé que seguramente, tú te has entregado a esos hombres con todo tu ser y con lo que no lo es, (como esas 50 000 libras de ala) y al final te has dado cuenta que a quien te has entregado realmente ha sido a la vergüenza y al escarnio.
Porque tu fe que tanto enarbolabas como bandera y pilar, al final solo sirve de juez y verdugo totalmente ajeno y lejano a la condición humana. Que es lo que somos, Iris, simples y pequeños humanos.
Porque ahora los de uno y otro bando no están dejando de ti ni los huesos. Con lo que se están igualando en la misma condición.
Y como siempre me he resistido a pertenecer a tal condición. Te invito, Iris, a ya que has entreabierto los ojos, los abras del todo. A que recuerdes esos momentos de placer que te dieron tus chicos, en los que tu piel por fin, se sintió, sencillamente, piel: plena, sentida, vibrante, deseada... Sin ser ningún vehículo a nada más que la felicidad. Que los recuerdes y sepas que tú en esos momentos, seguías siendo la mima persona, creyente, buena, trabajadora... Pero distinta en un pequeño detalle, eras extasiadamente feliz.
Te invito, Iris, a que releas todo ese dogma que te ha acompañado de por vida y que ahora es tu patíbulo. Y que mires a los ojos a todos esos a los que tachabas hasta de inhumanos, para que te dés cuenta de que somos muchos de nosotros los que ahora te daríamos un abrazo y unas palabras de ánimo.
Sé que por un instante todo eso te ha debido pasar por la cabeza, aunque todos esos que se hacen llamar hombres de ciencia, porque lo tienen en un diploma, ya te lo habrán sacado incluso mediante una lobotomía.
Pero también sé, que la semilla ya está bien enterrada y que terminara por germinar, si no lo ha hecho ya, porque la piel, los sentidos, el sexo, el placer... tiene memoria.
Un abrazo, Mrs Robinson.
31 de diciembre de 2009
Colleja
La vida nos grita a la cara lo tontos que somos de vez en cuando... Más a menudo de lo que cabría esperar.
Este año esa bronca me provoca una sonrisa. Porque si no nos apetecía celebrar mucho al recorrer estos tiempos que nos han tocado. Llega ella y nos pega esa colleja que nos hace despertar, de la manera más dulce pero más directa.
En los albores de estas fiestas que no nos movían a celebrarlas, nos regala a Mateo.
Y claro, abro los ojos y miro más allá de tres palmos de mis narices y veo a Álex y a Rocío con el pequeño Mateo. Y por un momento, me pareció ver que este me guiñaba un ojo y me susurraba: "Eh, tita Vir, ¿qué es eso que veo? ¿una sonrisa?".
Y sé, no creo, ni pienso. Sé. Lo sé, que lo mejor de las nocheviejas es que estamos aquí otro año más, a pesar de todo y gracias a todo, presenciando y compartiendo todas aquellas cosas en las que apenas reparamos y a las que realmente debemos llamar vida.
Enohorabuena por otro año y los mejores deseos para el nuevo.
¡Ah! Gracias Mateo.
Este año esa bronca me provoca una sonrisa. Porque si no nos apetecía celebrar mucho al recorrer estos tiempos que nos han tocado. Llega ella y nos pega esa colleja que nos hace despertar, de la manera más dulce pero más directa.
En los albores de estas fiestas que no nos movían a celebrarlas, nos regala a Mateo.
Y claro, abro los ojos y miro más allá de tres palmos de mis narices y veo a Álex y a Rocío con el pequeño Mateo. Y por un momento, me pareció ver que este me guiñaba un ojo y me susurraba: "Eh, tita Vir, ¿qué es eso que veo? ¿una sonrisa?".
Y sé, no creo, ni pienso. Sé. Lo sé, que lo mejor de las nocheviejas es que estamos aquí otro año más, a pesar de todo y gracias a todo, presenciando y compartiendo todas aquellas cosas en las que apenas reparamos y a las que realmente debemos llamar vida.
Enohorabuena por otro año y los mejores deseos para el nuevo.
¡Ah! Gracias Mateo.
14 de diciembre de 2009
Imágenes
El margen de un río, a su paso por un polígono industrial. Con ese bloque de casas, solitario, entre naves enormes. Ropa tendida salpicando la mugrienta fachada.
Un bingo de barrio con sus luces de neón recién encendidas, parpadeantes, y señoras con las bolsas y los carros de la compra, entrando mecánicas y solas.
El último autobús suburbano, un lunes. Y una mujer con un niño dormido en sus brazos, mirando por esa ventanilla, sin ver.
El patio de un colegio en horas de clase, una mañana de invierno.
Un bar de carretera secundaria de madrugada.
Cualquier edificio abandonado con rastro de la vida que acogió.
Una pared cargada de carteles, asomando unos encima de otros, capas y capas de tiempo pasado y amarillo.
Una anciana tomando su merienda sola, en una cafetería a media tarde.
Un niño entre las miles de sombrillas idénticas de la playa, buscando la única que es diferente, la suya.
Una pareja comiendo sin hablarse, sin mirarse, sin comerse...
Todas las miradas que se pueden encontrar en el largo recorrido que supone el pasillo de un hospital.
No tienen un recuerdo asociado, no tienen un antecedente, simplemente inquietan, hielan, encogen... Hay tantas imágenes desoladoras...
Un bingo de barrio con sus luces de neón recién encendidas, parpadeantes, y señoras con las bolsas y los carros de la compra, entrando mecánicas y solas.
El último autobús suburbano, un lunes. Y una mujer con un niño dormido en sus brazos, mirando por esa ventanilla, sin ver.
El patio de un colegio en horas de clase, una mañana de invierno.
Un bar de carretera secundaria de madrugada.
Cualquier edificio abandonado con rastro de la vida que acogió.
Una pared cargada de carteles, asomando unos encima de otros, capas y capas de tiempo pasado y amarillo.
Una anciana tomando su merienda sola, en una cafetería a media tarde.
Un niño entre las miles de sombrillas idénticas de la playa, buscando la única que es diferente, la suya.
Una pareja comiendo sin hablarse, sin mirarse, sin comerse...
Todas las miradas que se pueden encontrar en el largo recorrido que supone el pasillo de un hospital.
No tienen un recuerdo asociado, no tienen un antecedente, simplemente inquietan, hielan, encogen... Hay tantas imágenes desoladoras...
18 de noviembre de 2009
Ciegos, tuertos, reyes y demás...
Quiero que alguien me explique cómo es eso de llevar siempre la razón. Es más, tengo la imperiosa necesidad de sentirme por un día en posesión no sólo de la verdad absoluta, sino del encanto, la primicia, la exclusiva, la omnipresencia... Es decir, todo aquello que lucen con gala y ornato los que se creen, no ya tuertos, sino videntes, en el país de los ciegos, cuando no son más que tullidos a los que su alma ha dotado de un enorme perro guía que les defiende a capa y espada, llamado vanidad.
Porque amigos, aunque desde esta palestra que me he construido parezco una persona totalmente segura e incluso podría decir, orgullosa. Esa apariencia está años luz de la realidad, este espíritu crítico que me posee desde que tengo uso de razón, hace que mida, cuente, calibre y sujete cada palabra, acto y omisión. Escuche, admita y afirme a todo el que venga a servirme en bandeja las grietas de todas mis bases. E incluso llegar a hacerme invisible donde hace un segundo creía que todavía tenía algo que decir.
Claro que, puestos a pensar, eso de ser ciego sin más defensa que una chichonera y las propias manos siempre extendidas hacia adelante, ha hecho que a veces, sólo a veces, esté totalmente segura de eso que estoy asiendo con fuerza. Aunque venga cualquier publicista de sí mismo a venderme su pequeño universo de sombras a bombo y platillo, eso sí, siempre con la mejor intención y la más bonita de las sonrisas.
Al fin y al cabo, debe ser muy duro ser perfecto.
Porque amigos, aunque desde esta palestra que me he construido parezco una persona totalmente segura e incluso podría decir, orgullosa. Esa apariencia está años luz de la realidad, este espíritu crítico que me posee desde que tengo uso de razón, hace que mida, cuente, calibre y sujete cada palabra, acto y omisión. Escuche, admita y afirme a todo el que venga a servirme en bandeja las grietas de todas mis bases. E incluso llegar a hacerme invisible donde hace un segundo creía que todavía tenía algo que decir.
Claro que, puestos a pensar, eso de ser ciego sin más defensa que una chichonera y las propias manos siempre extendidas hacia adelante, ha hecho que a veces, sólo a veces, esté totalmente segura de eso que estoy asiendo con fuerza. Aunque venga cualquier publicista de sí mismo a venderme su pequeño universo de sombras a bombo y platillo, eso sí, siempre con la mejor intención y la más bonita de las sonrisas.
Al fin y al cabo, debe ser muy duro ser perfecto.
26 de octubre de 2009
Dinosaurio
Cuenta la leyenda urbana que si un sonido a un volumen muy alto se acompasa al ritmo cardiáco éste puede perderse e incluso llegar a la muerte.
Anoche pude comprobar que esto es una enorme falacia.
Porque anoche la música de Dinosarurio sonaba, grande, enorme, hasta llegar a acompasarse con todos los corazones de los allí congregados, hasta hacer que todos y cada uno latiéramos al unísono.
Y nadie murió, por supuesto que no, sino que viajamos, con ese ritmo por alas fuimos a lugares tan lejanos como nos marcaban sus notas o tan cercanos como las caricias de sus melodías, o la mirada desde la pantalla.
Llevábamos el paso marcado por el soldadito del piano, de expedición con el robot en su universo, perdiéndonos en el bosque mientras jugábamos con el monstruo... Oscilábamos desde lo desconocido a lo cotidiano con suave fluidez o con contundentes golpes. Nos perdíamos en el exterior cuando intentábamos encontrar la salida de nuestro interior...
Claro que si un grave, un sonido, se acompasa con tu corazón no mueres. Al contrario, vives un instante en la eternidad por esa canción, montado en un Dinosaurio.
Gracias.
Anoche pude comprobar que esto es una enorme falacia.
Porque anoche la música de Dinosarurio sonaba, grande, enorme, hasta llegar a acompasarse con todos los corazones de los allí congregados, hasta hacer que todos y cada uno latiéramos al unísono.
Y nadie murió, por supuesto que no, sino que viajamos, con ese ritmo por alas fuimos a lugares tan lejanos como nos marcaban sus notas o tan cercanos como las caricias de sus melodías, o la mirada desde la pantalla.
Llevábamos el paso marcado por el soldadito del piano, de expedición con el robot en su universo, perdiéndonos en el bosque mientras jugábamos con el monstruo... Oscilábamos desde lo desconocido a lo cotidiano con suave fluidez o con contundentes golpes. Nos perdíamos en el exterior cuando intentábamos encontrar la salida de nuestro interior...
Claro que si un grave, un sonido, se acompasa con tu corazón no mueres. Al contrario, vives un instante en la eternidad por esa canción, montado en un Dinosaurio.
Gracias.
23 de octubre de 2009
Líneas
Existe una fina línea, imperceptible diría yo, pero infinita.
Es esa línea que nos separa de cualquier estado, final, consecución, premio...
Desde lo más pequeño y cotidiano a lo más grande y trascendental. El sueño, el deseo, el amor, el odio, la mediocridad, el éxito, la locura, la felicidad...
Estamos al borde de esa minúscula línea en miles de ocasiones, pero si alzamos la vista no llegamos a abarcarla.
Podemos agarrarnos a ella como a un salvavidas, cuando algo, alguien, nosotros mismos, nos empujamos a cruzarla.
Podemos tomar miles de kilómetros de carrerilla para saltar apenas unos milímetros, sin conseguirlo en la vida.
Podemos quedarnos sentados observando el otro lado, creyendo que cuando queramos podemos alargar la mano, sin hacerlo nunca.
Podemos cruzarla sin querer, de un tropezón.
Incluso podemos jugar con ella como a la comba, durante toda nuestra existencia.
Nos encontramos con varias, decenas, miles. Las eludimos o las buscamos. Temblamos o nos lanzamos con los ojos cerrados. Hemos llegado hasta a arrepentirnos de cruzar alguna que otra.
Hasta lo último que hacemos es cruzar una, la más fina..., la más difícil.
Es esa línea que nos separa de cualquier estado, final, consecución, premio...
Desde lo más pequeño y cotidiano a lo más grande y trascendental. El sueño, el deseo, el amor, el odio, la mediocridad, el éxito, la locura, la felicidad...
Estamos al borde de esa minúscula línea en miles de ocasiones, pero si alzamos la vista no llegamos a abarcarla.
Podemos agarrarnos a ella como a un salvavidas, cuando algo, alguien, nosotros mismos, nos empujamos a cruzarla.
Podemos tomar miles de kilómetros de carrerilla para saltar apenas unos milímetros, sin conseguirlo en la vida.
Podemos quedarnos sentados observando el otro lado, creyendo que cuando queramos podemos alargar la mano, sin hacerlo nunca.
Podemos cruzarla sin querer, de un tropezón.
Incluso podemos jugar con ella como a la comba, durante toda nuestra existencia.
Nos encontramos con varias, decenas, miles. Las eludimos o las buscamos. Temblamos o nos lanzamos con los ojos cerrados. Hemos llegado hasta a arrepentirnos de cruzar alguna que otra.
Hasta lo último que hacemos es cruzar una, la más fina..., la más difícil.
9 de octubre de 2009
Todo merece la pena...
Puede hacer reír hasta límites insospechados, con una frase incluso una palabra.
Es capaz de dar la vuelta a cualquier embrollo y que sea lo más sencillo del mundo.
Tiene la capacidad de escuchar y observar, sin querer imponer ni enjuiciar.
Convierte un pantalón de pijama en un espectáculo circense diario.
Sabe dar la mano, besar, abrazar... Algo que, aunque no lo hayáis pensado nunca, no es nada fácil.
Te presta sus alas y hace que vueles, hasta lo más alto, allí donde nadie te alcanza.
Tiene un don para hablar con gatos, geckos, monos..., y que estos la adoren.
Si miras fijamente esos ojos grandes, allí en el fondo, puedes ver ese refugio donde te gustaría vivir.
Te hacer sentir, en cada momento, la persona más importante, la única.
Y hace que todo, absolutamente todo, merezca la pena.
Te amo Vicky.
Y si mañana no existiera, es igual, todo ha merecido la pena.
ESTO NO SE PARA...
Es capaz de dar la vuelta a cualquier embrollo y que sea lo más sencillo del mundo.
Tiene la capacidad de escuchar y observar, sin querer imponer ni enjuiciar.
Convierte un pantalón de pijama en un espectáculo circense diario.
Sabe dar la mano, besar, abrazar... Algo que, aunque no lo hayáis pensado nunca, no es nada fácil.
Te presta sus alas y hace que vueles, hasta lo más alto, allí donde nadie te alcanza.
Tiene un don para hablar con gatos, geckos, monos..., y que estos la adoren.
Si miras fijamente esos ojos grandes, allí en el fondo, puedes ver ese refugio donde te gustaría vivir.
Te hacer sentir, en cada momento, la persona más importante, la única.
Y hace que todo, absolutamente todo, merezca la pena.
Te amo Vicky.
Y si mañana no existiera, es igual, todo ha merecido la pena.
ESTO NO SE PARA...
29 de septiembre de 2009
YO soy RARO
Tengo que ser RARO. Tengo que ser original. Tengo que ser inclasificable, indefinible, inadpatado... Tengo que tener aficiones impronunciables, ineludibles e irrealizables. Tengo que ser ÚNICO en mi especie, en mi entorno, en mi hábitat... Tengo que ser todo un animal en peligro de extinción. Tengo que ser el primero, el único y el PRECURSOR. Tengo que sentir que el mundo está contra MÍ y que yo peleo contra el mundo. Tengo que saber que NADIE me entiende y que no comprendo a nadie. Tengo que tener la certeza de que sé más que ELLOS y de que ellos no conocen ni la decima parte. Tengo que afianzarme cada día en este increíble YO.
Pero por una décima de segundo todos y cada uno de nosotros hemos necesitado de un TÚ, (aunque sea vulgar, ordinario y esté a años luz).
Pero por una décima de segundo todos y cada uno de nosotros hemos necesitado de un TÚ, (aunque sea vulgar, ordinario y esté a años luz).
12 de septiembre de 2009
El monstruo
Brit pop, ciberpunk, drum and bass, trip hop, down tempo, house, energie, gothic rock... Hapennings, performances, raves, festivales, showrooms, macroconciertos, jam sessions... Cine digital, videoarte, instalaciones electrónicas... Rafting, puenting, bugging, parkour, skate, cycling, snowboard... Y más de lo que la imaginación pueda abarcar, más, muchísimo más...
Y con todo ello hemos creado un monstruo y se devora a sí mismo..., y nos devora a nosotros... Simplemente, porque se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Y con todo ello hemos creado un monstruo y se devora a sí mismo..., y nos devora a nosotros... Simplemente, porque se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
14 de agosto de 2009
Algo...
¿Qué necesitas para recuperarte? ¿Qué te hace falta para volver a ser tú? ¿Qué produce que tu interior se estremezca desde los cimientos? ¿Qué puede hacer que no haya nada más, ni nada menos?
Algo que has podido estar buscando desde... desde que te diste cuenta que desgraciadamente, lo perdiste. (Ya sé que suena obvio, pero no lo es, ni fácil, ni inmediato...).
Algo que por mucho que investigues, observes, disecciones, no sabes cómo definir, qué nombre poner, porque se te ha olvidado, porque la costumbre lo mató.
Algo que crees que ya no te corresponde porque ya lo saboreaste, pero lo terminaste fagocitando, asimilando y eliminando.
Algo tan sencillo, tan simple que te parece mentira que lo sea.
Algo como tomar esa decisión de ir a tal sitio o tal otro. Como decidir cómo pasar la noche. Como poner una canción u otra. Como tomar otra copa más o no...
Algo como cruzar una mirada, escuchar una risa, decir unas palabras...
Algo tan simple como saber tu nombre, quién eres, qué haces...
Algo tan normal como una noche más hace un año...
Algo..., que hace que la recuerdes para siempre.
Gracias por eso: tan simple, sencillo, instantáneo, efímero... Por esto: tan grande, fuerte, completo...
Graciaspor ti... y por mí.
Algo que has podido estar buscando desde... desde que te diste cuenta que desgraciadamente, lo perdiste. (Ya sé que suena obvio, pero no lo es, ni fácil, ni inmediato...).
Algo que por mucho que investigues, observes, disecciones, no sabes cómo definir, qué nombre poner, porque se te ha olvidado, porque la costumbre lo mató.
Algo que crees que ya no te corresponde porque ya lo saboreaste, pero lo terminaste fagocitando, asimilando y eliminando.
Algo tan sencillo, tan simple que te parece mentira que lo sea.
Algo como tomar esa decisión de ir a tal sitio o tal otro. Como decidir cómo pasar la noche. Como poner una canción u otra. Como tomar otra copa más o no...
Algo como cruzar una mirada, escuchar una risa, decir unas palabras...
Algo tan simple como saber tu nombre, quién eres, qué haces...
Algo tan normal como una noche más hace un año...
Algo..., que hace que la recuerdes para siempre.
Gracias por eso: tan simple, sencillo, instantáneo, efímero... Por esto: tan grande, fuerte, completo...
Graciaspor ti... y por mí.
23 de julio de 2009
"Tal cómo éramos"
Sierra noroeste de Madrid, calurosísimo 22 de julio a una hora no menos calurosa, alrededor de las cinco de la tarde, unas cuantas féminas, (y podría poner la mano en el fuego por unos cuantos entes masculinos), nos encontramos cada una en nuestra casa, pegadas al televisor y al sofá pero eso ya por el calor, reviviendo ávidas una historia que no sé cuántas veces hemos podido recorrer, pero aún así no podemos dejarla pasar de nuevo.
Quizá en algunos momentos hasta repetimos los diálogos con los protagonistas y aunque sabemos de sobra qué va a pasar, seguimos indignándonos o emocionándonos con sus decisiones y sus desvelos.
Después, en uno de esos salones de la sierra, tres de esas féminas nos enfrascamos en un acalorado debate sobre lo que hemos visto, como si no lo hubiéramos tenido ya infinidad de veces... Pero lo mejor es que, en cada una de ellas llegamos a conclusiones diferentes, o nos intercambiamos los roles, o discutimos sobre otros detalles, o simplemente nos contagiamos las emociones y los recuerdos que nos produce, o...
Podríamos estar horas enlazando además de ésa, otras tantas cartársis que nos producen otras no pocas historias. Subiendo hasta la cima, riéndonos a carcajadas y aturullándonos al hablar. Cavando hasta el infierno, abriéndonos en canal y poniendo las vísceras encima de la mesa. Iniciando y subsanando más de uno y de dos rifirafes que se producen por el camino. Embelesándonos con imágenes inolvidables, dignas de cualquier coleccionista de arte millonario. Pero siempre, con ese brillo en los ojos que te produce la satisfacción plena.
Ayer a las cinco de la tarde una cadena de televisión programó Tal como éramos de Sidney Pollack y durante dos horas sé que unos cuantos hogares tenían los platos sin fregar, la ropa húmeda sin tender y la piscina y el calor no existían. Y ayer a las siete de la tarde cuando ya había acabado, no hacíamos otra cosa más que expulsar todo aquello que nos hace sentir. Compartir esa experiencia tan onanista como es ver una película.
Ayer fue Tal como éramos, otro día puede ser Un tranvía llamado deseo o Rompiendo las olas u Hoy empieza todo o Irma la dulce o miles, millones más...
Todo comienza con el primer segundo de cualquier película, pero no termina nunca. Adoro los "antes de...", pero me quedo con los que tienen unos grandes "durante" y enormes "después de...".
¿Quién dice que una película dura unas dos horas? Dura toda una vida.
Quizá en algunos momentos hasta repetimos los diálogos con los protagonistas y aunque sabemos de sobra qué va a pasar, seguimos indignándonos o emocionándonos con sus decisiones y sus desvelos.
Después, en uno de esos salones de la sierra, tres de esas féminas nos enfrascamos en un acalorado debate sobre lo que hemos visto, como si no lo hubiéramos tenido ya infinidad de veces... Pero lo mejor es que, en cada una de ellas llegamos a conclusiones diferentes, o nos intercambiamos los roles, o discutimos sobre otros detalles, o simplemente nos contagiamos las emociones y los recuerdos que nos produce, o...
Podríamos estar horas enlazando además de ésa, otras tantas cartársis que nos producen otras no pocas historias. Subiendo hasta la cima, riéndonos a carcajadas y aturullándonos al hablar. Cavando hasta el infierno, abriéndonos en canal y poniendo las vísceras encima de la mesa. Iniciando y subsanando más de uno y de dos rifirafes que se producen por el camino. Embelesándonos con imágenes inolvidables, dignas de cualquier coleccionista de arte millonario. Pero siempre, con ese brillo en los ojos que te produce la satisfacción plena.
Ayer a las cinco de la tarde una cadena de televisión programó Tal como éramos de Sidney Pollack y durante dos horas sé que unos cuantos hogares tenían los platos sin fregar, la ropa húmeda sin tender y la piscina y el calor no existían. Y ayer a las siete de la tarde cuando ya había acabado, no hacíamos otra cosa más que expulsar todo aquello que nos hace sentir. Compartir esa experiencia tan onanista como es ver una película.
Ayer fue Tal como éramos, otro día puede ser Un tranvía llamado deseo o Rompiendo las olas u Hoy empieza todo o Irma la dulce o miles, millones más...
Todo comienza con el primer segundo de cualquier película, pero no termina nunca. Adoro los "antes de...", pero me quedo con los que tienen unos grandes "durante" y enormes "después de...".
¿Quién dice que una película dura unas dos horas? Dura toda una vida.
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