23 de agosto de 2014

"Doing the unstuck"



Uno sabe cuando está haciendo el gilipollas. Quizá no todo el tiempo, quizá son solo ramalazos. Pero es que hay veces que uno es tan feliz haciéndolo...
Sabes que en cualquier momento vas a darte el batacazo de tu vida, puede ser una caída constante, mas ¿quién nos puede echar en cara querer ser felices? Sí, esa felicidad del tonto, del ignorante, pero felicidad al fin y al cabo.
Aunque es muy difícil hacerse el idiota cuando uno es inteligente. Amordazamos a nuestra razón, la intentamos asesinar, la ahogamos en banalidades, pero sale... siempre sale...
Nos escupe a la cara que no somos de esas personas: no somos gilipollas, por desgracia, solo lo estamos haciendo, que es muy diferente.
Y te posee, vuelve a ser tu parte racional, rabiosa y enojada, la que habla por tu boca y quiere gritarle al mundo: "Que ya lo sé, ¡no soy imbécil!".
Pero qué bien se está siendo feliz aunque sea ese el precio, nuestro propio intelecto.
"Vas a caer. Vas a meterte el hostiazo de tu vida. Ya estás haciéndolo, como en un precipicio, no paras de caer y llegarás al suelo, no va a haber quién recoja tus pedazos".
Pero qué bien se está bailando desnudo al borde del abismo, haciendo que no sabemos qué hay más allá de él.

11 de junio de 2014

Pegado al cristal




Sabemos cuándo la felicidad no es para uno.
Vivimos un fabuloso regalo durante un tiempo a sabiendas de que no es para nosotros. Como una fabulosa fiesta en la que nos hemos colado y no podemos evitar mirar hacia los lados por si nos pillan, o esa larga noche inmersa en MDMA, en la que todo es increíble, pero los instantes de poca conciencia nos hacen mirar el reloj; sabemos que tiene un fin, porque hay algo, o todo, que nos dice que no es para nosotros, que nunca lo será.
Realmente, somos afortunados, un día nos llega una preciosa caja con una sorpresa aún más hermosa, pero finita y limitada, ya que siempre ha sido así y siempre lo será.
Recordando cuando nuestros padres nos prohibían algo y nos lanzábamos a ello con avidez, desoímos las señales que nos advierten que estamos viviendo de prestado y que el dueño de esa felicidad plena aparecerá en cualquier momento para reclamarla.
Sonreír, reír a carcajadas,  estallar... pero siempre con una mano preparada para parar el golpe, así nos hemos acostumbrado a vivir.
Hay veces que las circunstancias nos bombardean, nos salen al paso enormes luminosos de neón en los que reza que aminoremos la velocidad, que ese camino no es para nosotros, que el nuestro es aquel, solitario y yermo, pero apretamos el acelerador y los puños para poder recorrer cuanta más distancia mejor. 

Es desolador darnos cuenta de que "La cenicienta" o "El patito feo" son eso, cuentos, no fábulas, y no tienen ninguna moraleja. Esa felicidad no nos pertenece, solo hay unos pocos elegidos y no estamos ni en el bombo.
Pero uno llega a acostumbrarse y aprovecha esos pequeños o grandes regalos, los exprime, incluso hay momentos en los que llega a creerse que sí, que esta vez sí, eso estaba ahí para uno.
Siempre se vive como en una especie de "antes de" en el que el término no es la consecución del deseo, sino su final. Siempre sacudiendo la cabeza y con un montón de marcas de pellizcos. Siempre mirando de reojo esperando la patada que nos eche de allí. 

Pero, aquí, entre nosotros, sabemos que es mucho mejor seguir robando paquetes ajenos e invadiendo lindes que no nos pertenecen a mirar agarrados a la verja, aunque en uno de esos allanamientos paguemos con nosotros mismos. 
Moriría de empacho si logro reventar el escaparate de la pastelería.



23 de febrero de 2014

Le petit mort


Es triste saberse olvidado. 
"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio", cuando se sabe que se hace aposta, todavía el orgullo se hincha un poco,
intentan hacer daño, adrede, un pequeño filo de desdén que demuestra que aún somos algo en esa mente.
Pero, ay, el olvido. Sórdida y desolada habitación desierta, en la que, por más que gritemos, nuestra voz es átona y nuestra presencia es invisible.
Es cruel, sí, es como dejar a un niño de la mano a su suerte...
El olvido es esa pequeña muerte de la que somos conscientes.

Probablemente no hay nada tan íntimamente doloroso. Qué somos sino existencia en los demás, ser en otro, por lo que el olvido es la nada, y nuestro pequeño cerebro, nuestra mínima esencia, no la concibe.
Cuando se ha sido el mundo, el eje que lo hace girar, es irremediablemente insoportable saberse asesinado.
Nunca más.
Jamás.
Curioso el ser humano capaz de ser Dios, siendo más insignificante que el vacío.

9 de febrero de 2014

Humano


El dolor no nos hace dignos, ni engrandece, ni libera, ni salva absolutamente de nada.
De hecho, preguntad a esos ojos que os miran directamente en el espejo, envilece, empobrece, despoja de todo orgullo y razón.
Cuando nos invade, ya sea del cuerpo o del alma, solo queremos despojarnos de él, arrojarlo; admitámoslo, (con algo de dolor, parajódico), que incluso se lo deseamos a los demás con tal de que desaparezca.
Queremos que ese círculo de seguridad que nos rodea no sea violado y corrompido por él, porque solo afea, rompe, emponzoña: destroza.
Nos convierte en auténticos monstruos, esos que precisamente nos dan tanto miedo porque lo producen, lo causan.
Nos han engañado, nos hemos dejado, al pensar que estamos hechos por y para él, que esta vida es en esencia y existencia dolorosa. Realmente, es una lucha en su contra, una carrera, una desesperada huida de esa bestia deforme y absolutamente poderosa.
Porque no es el dinero, no es el poder; quien verdaderamente domina es quien puede repartir pena, llanto y tortura; quien, moviendo un solo dedo, puede alargar, agrandar o golpear con el daño.

Eso es ser humano, no es sentirlo, no es soportarlo. Es ese miedo al reconocerlo y ese regocijo al perderlo. No es darse golpes en el pecho porque se está conviviendo con él día a día con resignación; ser humano es ese momento en que se está verdaderamente solo, en el rincón más oculto del mundanal ruido y las inquisidoras miradas, y se pide, se ruega, se vende el alma por no volver a ser humano jamás, por no volver a sentir dolor.



7 de noviembre de 2013

Cuenta atrás


Ahora mismo, en algún punto de esta, ahora, asquerosa ciudad, los Pixies estarán tocando "Monkey gone to heaven" y yo estoy aquí, como siempre, en el sofá, con mi sempiterna Coca-Cola Zero y mi Lucky Strike.
Esa es la historia de mi vida, (si llega a serlo), una larguísima sucesión de "quiero y no puedo" o más bien "quiero y no llego".
No, no me estoy lamentando, solo lo pongo en palabras, es un hecho, mi voluntad siempre ha sido cortita, tanto que, quizá, en ocasiones,
sean los demás los que hayan dejado ese deseado acto en eterna potencia, hartos de esa falta acumulada por mi parte, curioso, hartarse de la falta de algo...
No descubro nada nuevo si digo que somos nuestro peor enemigo, tanto que, tras siglos y siglos luchando encarnizadamente con nosotros mismos, el único arma que hemos descubierto, (el hombre, ese ser superior), es echar la culpa al otro.
En mi caso debería haberme bombardeado ya hace tiempo, pero qué genial es luchar contra gigantes y pasar de esa voz que dice son molinos y que te dediques a terminar eso que tenías entre manos.
Y, como no, tengo la sensación de que hasta en eso, en luchar contra mí, me voy a quedar a la mitad, me estoy quedando a medias.
Como en cualquier enorme tarea, la mayor sin duda, comencé a distraerme muy rápido, a ver gigantes, dragones, unicornios, cazas y hasta black hawks, y, ya se sabe, nuestro mayor enemigo tiene recursos, tiene estrategias, tiene planes, es un grandísimo general, (hay personas que son capaces de conseguir de ellos mismos luchar en su propio bando, se llama éxito), y posee ese efectivo golpe de gracia: "Es que ahora ya..."; "Ya si eso..."; "Pero si ya...", efectivamente, si ha habido poca voluntad, ¿por qué echar el resto?
Así han ido quedando las potencias acumuladas en la maleta, salpicadas con algún que otro acto maltrecho, casi siempre agarrado con alfileres de casualidad o azar.
Y sí, me estoy dando cuenta de todo esto y no termino esta misiva
con un "a partir de ahora...", no, soy así, de voluntad cortita,

porque "es que ahora ya...", "a estas alturas...".
Además, alguien tiene que quedarse en el sofá con la zero y el lucky para que otro se luzca y sea un victorioso adalid de la voluntad, pero eso da para otro post, que quizá escriba... o no.

P.D. Quien no se haya quedado así alguna vez, que tire la primera lata.

30 de junio de 2012

¿Demasiado joven para el rock and roll?*


Llegar al trabajo sin dormir apenas, con agujetas, sin voz...
Reservar los últimos euros de fin de mes...

Esperar horas...
Recorrer kilómetros a las tantas de la noche...
Ayudar a cargar bártulos en las furgonetas...
Responder con una letra...
Olvidar todo lo que parece inolvidable...
Acumular mil y un nombres en la cabeza...

Creer que no se puede dar más y, con un solo gesto, seguir hasta el final...
Reír hasta reventar...
Llorar hasta estar vacío...

Siempre me he lamentado de no tener talento, no tanto por estar ahí arriba, sino por crear algo así, algo que remueve hasta las entrañas.
Pero, qué coño, mi vida también es para el jodido rock and roll. 


*Título tomado de un tema de Mallory Knox, "Demasiado joven para el rock and roll". 


18 de abril de 2012

La Verdad

Si estáis leyendo esto, es que tenéis un ratito, así que me permito tomarlo prestado y que imaginéis conmigo.
Vamos a imaginar que todos somos iguales, por dentro y por fuera, en materia y forma, en acto y potencia. Iguales, a imagen y semejanza de nosotros mismos y al de al lado y al otro y al otro… Iguales, semejantes y similares, equivalentes, incluso.
Si además de imaginar, nos ponemos a deducir un poco, a inferir de esa igualdad, podríamos aventurar que no habría injusticia, ni envidia, ni soberbia, ni egocentrismo.
No habría razón para la competitividad, claro. Ni tampoco tendría sentido en el egoísmo.
La crítica no tendría cabida, por lo que no habría qué pensar, ni idear, ni superar, ni avanzar. ¿Inventos? ¿Descubrimientos?
No habría ensayos, no se producirían errores, ¿aprender? ¿Qué sería eso?
Si todos fuéramos iguales, no habría qué desear, ni qué querer y, lo más horrible, qué amar, por lo que tampoco habría ni canciones, ni poemas, ni tragedias, ni comedias, ¿de qué haríamos chistes?
No, no existiría el arte.
Probablemente, tendríamos un lenguaje limitado, unas pocas palabras para una mente aún más finita.
No observaríamos, solo miraríamos.
No haría falta respeto y tampoco empatía.
La justicia sería natural, pero no sabríamos que existe, igual que la libertad.
La alegría, la tristeza, el éxito, el fracaso, las luces y las sombras… Nada. Una igual y equilibrada nada.
No podríamos hacer el bien o el mal, ni existiría vicio ni virtud. Ni placer ni dolor. No habría vida.
Si esa Verdad fuera la realidad, no existiríamos.


13 de marzo de 2012

Salvar las circunstancias


Hay a quien le parecerá una auténtica burrada, pero la manera que tenía, y tengo, de asimilar los más complejos sistemas filosóficos es, como con las matemáticas, reducirlos a la cuenta de la abuela, es decir, al ámbito de estar por casa. Funciona, sobre todo con las teorías sociales y antropológicas.
Y no hay más que abrir los ojos, bueno, o poner la televisión para, cada día, poder repasar alguna y constatarla, por desgracia en muchos casos.
No puedo evitar meterme en estas inútiles diatribas, con el ceño fruncido, mientras asisto a todo lo que pasa, quizá porque todavía intento rebuscar en mi interior un poco de ese optimismo, esa positividad, que no positivismo, que me falta, que perdí en algún lugar entre "Campeones" y "Documentos TV".
Últimamente me acuerdo del señor José, sí, de Ortega y Gasset, el mismo, que no era periodista, sino filósofo y que escribía no solo artículos, sino grandes ensayos en los que analizaba y criticaba todo eso que los periódicos recogen.
Porque él ya advirtió, hace poco de tiempo, antes de ayer, de todo esto que se venía encima y que muchos ahora, leyéndole, arrugarían el gesto tachándole de ser tan cerrado y f... (no quiero ni decirlo), como realmente son ellos.
Y, aunque sería bueno repasarlo, (promesa hecha de que lo haré), voy a algo mucho más sencillo: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo». 
¿Os suena? Sí, hombre, si lo vemos todos los días. Bueno, realmente, lo llevamos a cabo todos los días, ¿o no? 
¿Todavía no caéis? Os lo presento en chiste: "Joder, qué putada, a ti se te muere la madre y mí se me pierde un boli...".
¿Así mejor? Por supuesto, quien esté libre de mirar las cosas según le van a él, que se presente a premio Nobel de la Paz, por favor.
Creo que con esto ya no tengo mucho que añadir, quizá que lo peor de todo, sea la segunda proposición: "...y si no la salvo a ella, no me salvo yo".
De ahí podemos entender cómo los candidatos "ganan" las elecciones, no son elegidos, porque no van partidos, van auténticas facciones, (cómo nos desenmascara el lenguaje...).
Cómo hay varias asociaciones para, por ejemplo, las víctimas del terrorismo, que fomentan el odio entre ellas.
Cómo hay quien piensa que, en su vecino de enfrente, según lo que defienda, tiene a un contrario, a un rival, hasta una amenaza...
Cómo hay políticos, aquellos que trabajan al servicio del país, (¡¡¡ay, añorada minoría dirigente ilustrada, don José!!!), que intentan enquistarse a su puesto, aunque el mismo agonice y no dé más de sí, y otros que se han regocijado de que esté agonizando, (no han arrimado ni un pelo), solo por poder entrar ellos y carroñear los restos.
Cómo no existe la misma reacción a idéntica acción y dependiendo de dónde se reciban o se ejecuten las mismas, son justas o no, o son verdaderas o no. 
Sí, visión simplista, pero casi podría afirmar que fue lo que empezó a ver el señor Ortega y Gasset, que siguió buscando esa razón vital como grito desesperado en defensa de ese hombre que lucha, con uñas y dientes, solo por salvar sus circunstancias, sean cuales sean las mismas, sean cuales sean las de los demás. 
 





8 de enero de 2012

Cosas importantes


Mi madre es la mejor persona del mundo, sí, lo es. Ya, ya... Tu madre, tu madre, y la tuya y tu padre... también lo son, por supuesto, pero no los conozco o poco.
Así que, hablaré de la mía.
Reitero, mi madre es la mejor persona del mundo. Todo el mundo la adora, como para no, si ella adora a todo el mundo. Y, cuando digo a todo el mundo, digo a al mundo entero.
Los conductores del autobús urbano de mi pueblo. Los dependientes de toda tienda a la que entra. Los currillos que andan siempre por la urbanización haciendo chapuzas. El marroquí que vende alfombras. El chico que viene a instalarle el teléfono... A ella le da igual de dónde sean ni de dónde vengan, son muchachos y muchachas, como dice ella, que están trabajando y se buscan la vida.
La ves bajar con dos latas de coca-cola al portal: "Esos muchachos se están muriendo de sed, trabajando ahí en pleno verano".
Llega con una palmera de chocolate a la cola del autobús:¨"El pobre Gaspar, (el conductor), que debe tener hambre ya, mira qué hora".
Te encuentras a dos chicos con mono viendo la tele en su salón: "Venían a arreglar el teléfono, pero, pobres, se ha complicado y empezaba el partido".
Mi madre le cuenta a los marroquíes de la frutería que ella es de Ceuta y que le gusta el te con hierbabuena y le dice a la chica de la caja que aquí hace tanto frío o más que en su tierra, entre risas, porque la ve encogida en su silla.
Se pone a hablar con su compañero o compañera de asiento, sea quien sea, alguna vez la he visto hablando con algún punk de por aquí, haciéndole reír y él a ella.
Hay más gente así, lo sé, tu madre, la tuya, tu padre, tu hermano...
Hay gente que, a pesar del maletón que arrastran, siguen sonriendo y pensando en el que llevan los demás, en que no se puede hacer más ligero, pero sí distraerte un poco de él.
Mi madre es católica practicante y simpatizante del PP, pero eso es lo de menos, como para ella otras cosas, o debería serlo.

20 de octubre de 2011

¿Qué tan importante te crees que eres?


¿Qué tan importante te puedes creer como para centrar el mundo en ti? ¿Tan vacío estás? ¿Tan poco crees que te quieren? ¿Tan desierto está tu mundo que tienes que capturar rehenes? ¿Tan ciego estás que necesitas un perro lazarillo?
Todos lo hemos hecho en algún momento pero, sobre todo, lo hemos sufrido o lo estamos sufriendo en un punto perdido y oscuro del camino: vampiros.
No, no hablo de Drácula ni de Edward Cullen para los menores de 20. Hablo de los vampiros de verdad, esos que requieren energía y atención y miradas y palabras y sentidos... Esos que insultan a tu inteligencia porque se creen, aunque desgraciadamente algunas veces es verdad, que no te enteras de que son así, que les das tu vida a trocitos porque ellos te embrujan, que son imprescindibles.
Los hay de toda clase y condición desde madres amantísimas hasta amigos leales, desde maridos fieles hasta hermanas del alma. Y todo son mentiras, solo son trampas para levantarles a ellos a lo más alto, para llenarles, para darles la vida que no tienen.
Por favor, nada más lejos de mi intención venir de ilumanada de vuelta de todo, porque seguramente yo tenga uno ó dos de estos seres incrustados en la chepa y los llevaré con todo el gusto, o no, solo ha sido un ramalazo de sinceridad y lucidez que me hace rebelarme, más bien quejarme, como el enfermo crónico.
Puedes estirar un brazo y conseguir clavarles la estaca con orgullo y un poco de mala leche, puedes. O pueden convertirte en uno de ellos, camuflado de santo y mártir, pero criatura hambrienta y perdida en realidad.
Seguiremos sufriéndolos, igual que otras muchas cuitas porque, quizá, sí que son imprescindibles, cada santo que aguante su vela y cada uno se guarde su sangre.



5 de septiembre de 2011


Pasan los días de imágenes en imágenes. Detalles imperceptibles o grandes gestas que, en cualquier caso, quedarán relegadas al olvido del día anterior.
Veo rostros cansados, derrotados. Asisto al dolor, a la muerte. Escucho argumentos y soflamas, verdades y auténticos actos de fe. Luchas de un solo uso o verdaderas batallas vitales.
Cambios que no son tales e inmovilismo que lo revoluciona todo desde las entrañas.
Ahora veo a los trabajadores-esclavos de los proyectos megalómanos de Qatar, cobrando 150 euros al mes y en la hora siguiente las portadas de "Vanity Fair".
Me hincho de capítulos de vidas ficticias y no me paro a preguntarle al de mi lado qué tal le va.
Mi cerebro bulle con algo que no puedo expresar porque realmente no quiero, porque me da miedo.
Envidio algo que me asquea.
Anhelo lo que repelo.
Sueño con lo que detesto.
No puedo estar con lo que debería porque no me parece coherente, pero es imposible tomar otra postura.
Niñas rezando delante de rostros que les gritan que se liberen y vean la verdad.
Pero si miramos la verdad cara a cara, todos nos pondríamos a rezar.
Tengo miedo, pero no me queda más remedio que seguir anestesiándome.
Somos meros instrumentos, imprescindibles en conjunto.
Creyéndonos únicos cuanto más nimios e insignificantes somos.

19 de julio de 2011

Talento

¿Existe realmente el talento? Perdón, quizá debo replantear la pregunta, ¿existe realmente el talento o nos lo hemos cargado?
¿Son esos que llamamos "artistas" y que vemos por todas partes en uno u otro ámbito, laureados, premiados, admirados... los que deberían estar ahí?
Es más, ¿cuánto talento hay oculto y despediciado que muere, que ni siquiera nace?
¿Se está conviertiendo el arte en una especie de aristocracia endogámica? ¿Quizá sea la de nuesta era, supuestamente liberada de jerarquías hereditarias?
Hijos de... Hermanos de... Amigos de... Protegidos de... Que forman un círculo casi inquebrantable y que marcan el quién, cómo, cuándo y cuánto nos debe y nos tiene que apasionar.
¿Nos está llamando un escpeticismo, o lo que es peor, una asepsis total frente al arte? ¿Arquear la ceja ante el último, últimisimo y nunca visto nuevo cachorro de la vanguardia porque viene bajo palio y con las críticas ya escritas en su apellido?
No, no comencéis a buscar ejemplos donde no ocurre, porque donde no es por nacimiento, es por pertenencia al grupo, a la tribu, y donde no, es por falta del carisma que suelen dar los medios, (económicos y de otras clases), que ya véis, lo poco que tendría que ver con tener talento o no.
Son castas, igualmente cerradas y marginadoras, que se reparten la piedra filosofal y no dejan ni las migajas.
Es más, ¿acaso la "tendencia" no nos distorsiona la realidad y no somos capaces de ver el talento verdadero? ¿No es verdad que hay ideas que viniendo de distintos "niveles" en un caso son totalmente ridículas y en otro, son genialidades? ¿No nos tragamos grandes bodrios, fiascos, con la boca abierta y aplaudiendo como posesos? ¿No somos partícipes de que unos pocos, como siempre, ya tendríamos que estar acostumbrados, devoren el enésimo pastel?
El lugar donde la libertad se hace acto y la expresión fin, se ha convertido en otro esclavismo más, un pantomima para tragar sin masticar y así no poder escupir.
Bienvenidos a la sociedad post contemporánea del siglo XXI, efectivamente, poblada por robots y cerebros artificiales (hechos de divisas).




12 de junio de 2011

Monstruos

Los señores que no saben lo que es la responsabilidad ni la culpa ni la vergüenza.
Caballeros (y señoras) que, con la democracia por bandera, viven hace 50 años, en pleno caciquismo.
Esos, como el señor Sarkozy, que nos dicen que no hay nada que comparar con Oriente Medio porque nosotros no tenemos de qué protestar cuando son ellos los que se comportan como sátrapas.
Aquellos, como un diputado de las Cortes Valencianas, que van con una sonrisa sardónica mientras ven cómo la gente es golpeada para dejarle pasar.
Entes que miran de reojo lo que está pasando, a los de abajo, con los que no quieren respirar el mismo aire porque creen a pies juntillas que no lo merecen, y se echan la culpa los unos a los otros e, incluso, les sirve de arma arrojadiza para su competición, para su carrera de obstáculos hacia el gran botín.
A todos esos son los que tenemos que derribar, no apartar ni echar, directamente eliminar, ya que realmente son el enemigo a batir porque, muchos de ellos, ya no son ni personas, ellos mismos se consideran diferentes a nosotros.
Verdaderos monstruos allende cualquier retorcida imaginación.
La realidad supera a la ficción, desgraciadamente.

8 de junio de 2011

Rectificación

Me gusta equivocarme. Y con orgullo dejaré y blandiré todo lo escrito anteriormente, proclamando a voz en grito que he metido la pata hasta el fondo.
Totalmente decepcionada, esgrimía la desconfianza absoluta en el ser humano y, sobre todo, en el ser humano occidental.
Pero ante las últimas semanas tengo que agachar la cabeza y cerrar la boca y unirme a esas voces que también son la mía.

Aunque ese pequeño pez torpedo que vive en mí no hace más que repetirme, ¿y ahora qué?

17 de mayo de 2011

Es esta terrible, desasosegante e irritante sensación de mediocridad la que me impide tomar aire y mirar más allá del suelo que piso.
Y lo peor de todo es que ya ni esto me paga un puente aéreo... un paseo por las nubes...

15 de febrero de 2011

Corte geológico

No existen. Claro que no existen.
Como minúsculas células de un gran organismo, como electrones poblando un gran átomo, como un pequeño planeta dentro de un infinito universo: la sociedad es un todo formado por partes, grandes, medianas, ínfimas... Y si, como hacemos con la tierra, practicamos un corte en ella en cualquiera de sus épocas, observaríamos que siempre, desde el principio de los tiempos, está formada por capas. Capas, estratos, franjas... Imbricadas, complementarias quizá, pero siempre, siempre unas encima de otras.
Asistimos a cambios, suaves y provocados por los medios y el ambiente, como los de facies. Revoluciones, necesarias y crecientes, como las rupturas en las fallas. Guerras, violentas y destructoras, como las erupciones de los volcanes. Y como tales, transforman todas esas capas, incluso las invierten, pero el resultado final es otro sistema con diferentes estamentos y, sí nuevamente, unos encima de otros. Todos, en un momento dado, cumpliendo su función, tanto en su pequeño ambiente, como en el gran organismo, pero que, llevados a una sobrecarga, pueden llegar a provocar una nueva crisis, una nueva ruptura, un nueva inversión de esas capas.
Pero hay leyes inamovibles, palpables y demostrables en cualquier medio, como que los elementos más ligeros siempre quedan arriba y los más pesados van al fondo. Al final, precisamente por pesados y de mayor tamaño, son los que sostienen el sistema, pero son los más ligeros los que, por encima de todo y de todos, descansan ignorantes asentados en los demás. Por su propia estructura, esos cambios, esas rupturas son necesarias e inevitables, pero es prácticamente imposible que el sistema o el organismo sea capaz de reorganizarse y vivir de otra manera que no sea formado por diferentes partes o categorías nunca iguales y nunca a la misma altura.
Por todo ello, quizá todos, en nuestro fuero interno, tenemos un miedo atroz a esos cambios. Quizá, en lo más profundo de nuestro ser, sabemos que estamos muy cómodos en el estrato que nos ha tocado. Quizá, nos gustaría que nuestra capa abarcara todo el organismo, pero no que todos intentaran ocuparla porque cada vez se hace más estrecha y frágil.
No existen. Claro que no existen, ni la libertad ni la justicia existen en la naturaleza. Ni nosotros mismos realmente las queremos.






4 de enero de 2011

FELIZ AÑO NUEVO

"Burn the street
Burn the cars
Pa pa power
Pa pa power

Please, be better

Broken glass
Broken hearts
Pa pa power
Pa pa power

Please, be better

Broken glass
Broken hearts
Pa pa power
Pa pa power

Please, be better

We won't destroy you
No, we will not destroy you".

From Dead Man's Bones




20 de noviembre de 2010

Sinceridad mediante

Bendita sinceridad virtuosa, que parece reinar en nuestros días. Todo tiene que ir acompañado de ti, todo tiene que ir lanzado con tu fuerza, arrojado con tu omnipotente brazo. Quien te tiene como amiga tiene un tesoro; quien, por desgracia, es el blanco de tu ira queda hundido en la miseria, porque todo, dicho a través de tu boca, cobra heroicidad y limpieza, osadía y valor.
Ay, del que se atreva a pasarte por alto, a tenerte escondida, a dejarte a un lado, porque ese es el impuro, el intrigante, el miserable, aunque lleve como adalid todas las virtudes, aunque su alma sea brillante y sin mácula.
Pero, ay de aquel del que hable por tu boca, pero no le dictes justo lo que el respetable quiere oír.
Ay, del que lleves a sus últimas consecuencias y a todos los demás nos parezca una abominación por mucho que haya sido por ti mediante.
Ay, de la pobre marioneta por ti y la masa zarandeada.
Porque en este, nuestro mejor mundo posible y, para algunos, poco mejorable, se debe, es de obligado cumplimiento ser sincero, aunque con ello nos llevemos por delante al compañero; pero, ante todo, se debe ser políticamente, modernamente, culturalmente y originalmente correcto.
Y oh, paradoja, así es imposible ser verdaderamente sincero o decir sinceramente la verdad.






23 de octubre de 2010

Historias

Hay historias que no se pueden enterrar, no se pueden acallar ni tapar, ni siquiera, transfomarlas. Porque no son historias, son voces, son pieles, son miradas, son gritos y heridas y sangre y dolor.
Son injusticias cometidas con total impunidad, son ejecuciones programadas, son poblaciones esquilmadas, son familias, hijos, padres, hermanos...
Por eso cada vez que una explota en el aire, cada vez que alguien grita, escribe, habla, cuenta, clama... hay que celebrar que podemos hacerlo, que nadie nos puede quitar ese poder de contar historias, hay que poner los oídos y abrir las mentes, hay que poner toda la atención para hacer nuestra cada una de ellas y que se haga eterna, enorme e invencible.
Porque toda esa gente habla a través de nosotros que somos tan privilegiados como alto podemos chillar y esa beneficiosa posición conlleva una honrosa responsabilidad: la obligación de la memoria; la necesidad del habla; la exigencia del conocimiento.
http://wikileaks.org/


28 de septiembre de 2010

"El trabajo os hará libres"

Hace 70 años las puertas del infierno estaban coronadas con esa frase lapidiaria, que era leída como una necrológica o una virulenta letanía por todos los que cruzaban ese arco de terror.
Pero, como si de una sátira se tratara, como una tragedia griega, esas cinco palabras suponen una realidad para miles, millones de personas, no ya solo en esta, nuestra casa, sino en todas las del vecindario.
El trabajo, sí es cierto señor Marx, nos aliena y nos convierte en pequeños engranajes de este sistema tiránico, pero también hace que vivamos, sí, vivir, porque este sistema se alimenta a sí mismo de todos nosotros y si se está fuera, no se está, no se existe, no se vive.
Por ello, ese trabajo nos deja andar, correr, volar, soñar... nos permite ser libres o, por lo menos, vivir en esa ilusión que el señor Capital ha definido como libertad.
Mientras una parte del mundo, cada vez menos numerosa, sigue siendo libre, sigue trabajando para seguir pagando esa ilusión adictiva, pero que, al final, es necesaria para existir, como toda droga. La otra parte pierde su derecho a ella con la carta de despido y se va hundiendo en la esclavitud de la pobreza cada mes en el que es asiduo a la cola del paro.
"El trabajo os hará libres", letras que, esculpidas en hierro, representan eso para muchas personas todavía: el hierro asesino y mortal; para otros, pronunciadas hoy, son una mortal realidad, mortal de necesidad.
Decía Vico que la historia era circular, es peor, es una espiral que todo lo traga. Una obra que devora a su creador, el hombre.