Follow by Email

21 de abril de 2008

Mártires

¿Y todo para qué?
Para meternos en cintura. Para pasar por el aro. Para que no haya ranuras. Para que no cruja nada. Para continuar como estamos.
Nos convencen de que hacer algo que no nos gusta. Que nos provoca dolor. Que nos hace caer en la angustia, en el tedio, en la rutina, en el no ser... Es nuestro objetivo en la vida. El sacrificio nos hará mártires. Caballeros de oxidada armadura y espinoso camino.
Pero mártires de qué, por qué, para qué.
Anularnos como personas, como mentes pensantes, como voces de crítica es lo que se nos premiará en la otra vida... da igual dónde la ponga cada uno, la madurez, la jubilación, la muerte...
Sólo para que unos cuantos, privilegiados a los que no se les exige nada, pero que han sido coronados con la santificación, puedan seguir en su Olimpo.
Y buscamos escapes, pero siempre son prohibidos. Por lo que nuestro futuro paraíso peligra, porque nos corrompemos. Pero esa podredumbre, esa gangrena es la que realmente nos hace vivir, porque nos alimentamos en la oscuridad de lo que ellos llaman virus.
Por eso nos tratan como a animales y aunque nos engañan con artimañas e instrumentos para hacernos sentir únicos. No somos más que ínfimas piezas en un engranaje.
Y a cada uno nos dan un mecanismo que solemos odiar, pero que nos hará héroes en la masticada y manida otra vida.
¿Y todo para qué?

8 de abril de 2008

Raros

Algunas veces ¿no os da la sensación, es más, tenéis la absoluta certeza de que sois absoluta, afirmativa y totalmente raros?
No ese "raro" que tan de moda está ahora, no, ese indie-alternativo-bohemio que en la actualidad lo vemos presentando cualquier programa de la TV.
Ni tampoco ese geniecillo brillante que no se lava el pelo y lleva ropa de hace décadas porque no atiende a esas nimiedades y él mismo se repite por activa y pasiva que es único en su especie.
No, yo me refiero a ese grupúsculo de gente que ninguno de esos se dignaría a mirar, pero que la gente digamos normal, es decir, la que te cruzas todos los días por la calle, en el trabajo y confían en el poder de la mayoría... tampoco identifica como su igual.
Aquellos a los que, incluso, nos tachan de tontos o tarados o simplemente incultos o carentes de interés.
Esos que nos encontramos entre "Pinto y Valdemoro" por no ser lo suficientemente "raritos" para marcar tendencias ni lo suficientemente "corrientes" para estar seguros dentro de la aparente normalidad (¡pobrecillos!).
Porque tenemos unas ideas y actitudes... como diría yo... ¿políticamente incorrectas? Pero claro, no tenemos las que hay que tener: quizá demasiadas o no las acertadas, por eso no estamos al frente de un programa de la FLY Music o escribiendo grandes columnas de escándalo en el RockdeLux o EP3.
Recibes insultos y desprecios por doquier de esos tan abiertos y libres o de los seguros estereotipados.
Y un día te ves aguantando piropos de los que se creen en posición de la verdad o en la élite de ésta, nuestra gran sociedad que ellos y su gente han levantado. O quizá de esos que van más allá y están de vuelta de todo. Pero lo único que quieren es sacarte algo. Por eso te alaban, cuando en realidad te llaman imbécil a la cara.
Y te preguntas desde cuando ves eso en los demás y si a ti se te ve igual.
Y repasas mentalmente a tus amigos, a tu gente, a tu familia de verdad.
Y es cuando te das cuenta de que estás en sintonía con gente muy especial y rica, venga de donde venga, sea como sea...
Y es ahí cuando arqueas un poco la ceja y sonríes.
Y entonces, ves en sus ojos, escrito en luces de neón: "¡Vaya tía más rara!"