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24 de septiembre de 2007

Ombliguito del mundo

El ser humano como organismo inestable, en todos los sentidos que es, posee diversos mecanismos de defensa con la finalidad de no convertirse en una bomba de relojería andante. Aunque, por desgracia, todos conocemos sujetos que han perecido en su propia defenestración.
Una de esas descargas emocionales, que en mi caso, me llama poderosamente la atención es la llamada "mirarse el ombligo".
Tanto en sentido positivo, optimista mejor dicho, como pesimista del mismo, el hombre abusa una soberana barbaridad de convertirse en el centro del universo.
Quizá porque ya desde las sagradas escrituras nos vienen comiendo la oreja: que si somos el centro de la creación, que si estamos hechos a imagen y semejanza de dios...
O porque biológicamente hablando somos, al fin y al cabo, uno de los organismos más complejos.
La cuestión es que, en cuanto podemos, estamos intentando que todo gire a nuestro alrededor. Objetos, tiempo, espacio, vidas, sentimientos... nos da igual lo árduo que sea, y lo que verdaderamente nos merezcamos o no, somos capaces de obviar cualquier situación física, biológica, química, moral o espiritual con tal de sentirnos reyes por un dia, (si sólo fuera un día...)
Quién de nosotros no ha escuchado aquello de: "quieres ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro"
El muerto en el entierro... ¿nunca habéis visto a dos ancianos o ancianas discutiendo por cuál de los dos está peor? ¿o a dos personas que se interrumpen continuamente durante la conversación para contarse lo mal que les ha ido en la vida? Ese típico, "pues anda que a mí..."
Llegamos a ser así... de patéticos, llegamos a querer tener una vida llena de sufrimientos y tragedias para poder ser el más necesitado, el que apremia constante atención, al que todos le deben conmiseración, comprensión y perdón.
Llegamos al quiz de la cuestión. Cuando uno se mira el ombligo, se lo mira con la intención de que los demás se lo adoren también, y sea lo único que vean.
En los momentos alegres, felices, de acierto, es lógico y nos gusta que nos agasajen, nos quieran, nos recuerden ese pletórico momento vital.
Pero qué ocurre cuando sabemos que lo estamos haciendo rematademente mal... qué alivio verse el centro de todos los mundos que nos rodean, olvidàndonos del trabajo que habríamos de realizar, en realidad, para virar las cosas a mejor.
Quién no ha escuchado a alguien relatando las "terribles" e "imperdonables" ofensas realizadas por un ser querido, para terminar apuntillando que él nunca, en todos los años de relación con esa persona, le ha hecho el más mínimo daño.
O quién, vamos a confesarlo, no se ha aprovechado de esos 15 segundos de gloria, (sean de gracia o de desgracia), que alguna vez que otra se nos brindan, para intentar hacer olvidar alguna fechoría cometida.
Claro que hay momentos de onanismo espiritual que nos vienen de perlas para darle un repiro a eso precisamente, al espíritu. Pero como no, para el hombre, todos los placeres crean vicio.
Tenemos que tener cuidado, porque de tanto mirarlo en nuestro vagar, nos vamos a dar de bruces los unos con los otros.

17 de septiembre de 2007

3 años...

Volver a casa sabiendo que estás. Soñar sabiendo que voy a recibir tus besos tempraneros. Hacer el payaso sólo como sabemos tú y yo, para reirnos hasta reventar. Los domingos sin movernos del sillón. Los sábados de cañas. Tus manos. Las canciones en los viajes. El peaje toll. Hacer volar a Chopito y Gominola. Nuestra gran familia. Explicarme la Fórmula 1, la Copa América, el golf, el ciclismo, las motos... Las discusiones viendo el telediario, un reportaje, una peli... Irte a tu "reunión de los jueves" y yo a un concierto. Esperarnos depués para fumar un cigarrito y contarnos qué tal. Tu corazón que es tan grande como tú. Cantabria. El número 3. Que se te escapen las lágrimas cuando te emocionas. Traducirte cuando hablas. Que logres entenderme cuando digo "dame el esto que está en el eso". Lisboa. Que no nos guste el gazpacho. Que nos encante la carne. Que te guste dar besos y abrazos. Que nos casáramos como lo hicimos, a nuestra manera.
Que lo hayamos intentado.
Que me quieras.
Que te quiero.

12 de septiembre de 2007

Escudo

Quizá haya sido el calendario el que me lo haya gritado y me he tapado los oídos. Y aún así, (ya sé, puede ser sugestión), me han llegado señales por todas partes.
Hace unos días le tuve que decir a alguien muy querido, (lo siento Said), que diera un rodeo al tema, me negaba en rotundo...
Puede que la maldita costumbre me haya recubierto de una especie de goma elástica en la que parece que el dolor rebota. Puede que haya querido dar esa impresión yo solita. Puede que cada ser busca sus propias atalayas de defensa.
Ninguno de vosotros le habéis conocido más que de oídas, eso demuestra la cantidad de tiempo que hace que se fue. También da una gran idea de la poca edad que tenía yo cuando ocurrió.
A pesar de ello, no tengo ese escudo, aunque lo parezca, y no lo he desterrado de mi alma, aunque mi mente lo intente una y otra vez como medida de socorro.
Ya sabéis cómo funciona. Una canción, una imagen, una persona... hace que el recuerdo vuele y te sitúas hace 25 años.
Y vuelvo a sentarme en sus rodillas, nos vamos de excursión otra vez y me lleva a la cama a borriquito todas las noches...
Sí, me duele, me duele mucho no haber podido verle jugar con Andrea, África y Clara como lo hizo conmigo.
Me hiere en lo más hondo que no haya podido vernos a las 3 y sentirse orgulloso de sus niñas.
Me destroza las entrañas que no les haya dejado envejecer juntos porque se lo merecían, después de todo lo pasado.
Sí, tenía un padre, al que quería mucho, pero no pudimos disfrutar el uno del otro más que 14 años.
Y sí, me duele todavía cuando lo recuerdo, porque aprender lo injusta que es la vida a una edad temprana, es eso precisamente, injusto y doloroso.
Ya lo he hecho, he hablado de él, le he recordado y no me ha pasado nada.
La verdad, no sé si es bueno o malo.

10 de septiembre de 2007

Dormir, dormir, domir para poder zambullirme, retozar y carcajearme en mis propios sueños... pero ni siquiera estos tienen ese brillo de una bonita peli de los 50.

4 de septiembre de 2007

La cabeza del Sr. Miller

Me hubiera gustado estar en la cabeza del señor Arthur Miller en múltiples ocasiones.
Haber tenido un agujerito, como el ojo de una cerradura para poder leer sus pensamientos.
Qué es lo que pasa por la mente de un gran escritor como él cuando está en plena ebullición creadora.
Cómo se siente al luchar contra la injusticia, al librar una batalla contra Goliath siendo un diminuto David.
Algo puede estar estallando dentro de alguien que busca la libertad y sólo encuentra la inquisición.
Cuántas emociones vienen a tu cerebro cuando tocas los labios de Marilyn Monroe.
A qué velocidad vuela tu cabeza cuando estás a punto de estrenar una obra de teatro en Broadway.
Contar los recuerdos que se agolpan cuando recibes en gran premio por toda esa vida que pasa ante tus ojos.
Y lo que más me gustaría averiguar, por lo que más me ha despertado el interés el señor Miller, por lo que llegaría a haberle hecho una lobotomía:
Si alguno de esos miles de millones de pensamientos era para Daniel.
Si por una micra de su valioso tiempo, le cruzaría un escaso, diminuto, microscópico sentimiento hacia él.
Si dentro del genio luchador y seductor quedaba algún resquicio de amor verdadero.

http://www.lanacion.com.ar/exterior/nota.asp?nota_id=939747





1 de septiembre de 2007

Perfecta

Quiero ser perfecta.
Estar en el momento preciso, con la palabra necesaria y el gesto adecuado, siempre...
Necesito aparecer sin mácula.
Tener millones de sonrisas, miles de palabras de aliento, decenas de hermosos detalles...
Deseo la perfección.
Poseer la virtud de la bondad infinita, el don de la ubicuidad, la celestial facultad de la justicia suprema...
Para que nadie me pueda echar nada en cara.
Para que no se me quede este amargo sabor de boca.
Para no estar pagando por los fallos duras condenas de ostracismo.
Para saber que no le tengo que exigir a nadie que lo sea... ni falta que hace.