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12 de junio de 2011

Monstruos

Los señores que no saben lo que es la responsabilidad ni la culpa ni la vergüenza.
Caballeros (y señoras) que, con la democracia por bandera, viven hace 50 años, en pleno caciquismo.
Esos, como el señor Sarkozy, que nos dicen que no hay nada que comparar con Oriente Medio porque nosotros no tenemos de qué protestar cuando son ellos los que se comportan como sátrapas.
Aquellos, como un diputado de las Cortes Valencianas, que van con una sonrisa sardónica mientras ven cómo la gente es golpeada para dejarle pasar.
Entes que miran de reojo lo que está pasando, a los de abajo, con los que no quieren respirar el mismo aire porque creen a pies juntillas que no lo merecen, y se echan la culpa los unos a los otros e, incluso, les sirve de arma arrojadiza para su competición, para su carrera de obstáculos hacia el gran botín.
A todos esos son los que tenemos que derribar, no apartar ni echar, directamente eliminar, ya que realmente son el enemigo a batir porque, muchos de ellos, ya no son ni personas, ellos mismos se consideran diferentes a nosotros.
Verdaderos monstruos allende cualquier retorcida imaginación.
La realidad supera a la ficción, desgraciadamente.

8 de junio de 2011

Rectificación

Me gusta equivocarme. Y con orgullo dejaré y blandiré todo lo escrito anteriormente, proclamando a voz en grito que he metido la pata hasta el fondo.
Totalmente decepcionada, esgrimía la desconfianza absoluta en el ser humano y, sobre todo, en el ser humano occidental.
Pero ante las últimas semanas tengo que agachar la cabeza y cerrar la boca y unirme a esas voces que también son la mía.

Aunque ese pequeño pez torpedo que vive en mí no hace más que repetirme, ¿y ahora qué?