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17 de septiembre de 2008

14 años y nada.

En unos segundos pasaré a ser nada. Claro que si lo pienso bien es más o menos lo que soy ahora. Porque nada me siento, entonces, nada seré.
Al principio no lo entendía, esta sensación de vacío que no veía en los demás y era lo que más me enojaba, era el único. Me refugiaba en mis cosas, tengo tantas... y ellas han consumido lo poco que quedaba de mí.
No sé si fui yo o fueron los que me rodean los que finalmente me hicieron desaperecer. Sí, creo que empezaron ellos a suprimirme poco a poco, como si fuera uno de esos héroes de comic que intento bosquejar. Fueron borrando mis ilusiones, mis alegrías, mis sonrisas, mi ambición... Eliminándolas a base de ignorarlas, a base de prisa, de ansiedad, de rutina... A golpe de rechazo, ira, miedo...
Y así me convertí en sombra. Y claro, las sombras son totalmente prescindibles y cuando les prestas atención o te asustan o juegas con ellas.
Tenía que ir diluyéndome. Era de primera necesidad ser casi transparente. Y cuando por fin lo he conseguido, veo que es tan inútil como el primer día de mi vida. Por mucho que haya fotos de ello repartidas por toda la casa.
Por tanto, voy a hacer lo que nadie puede hacer por mí, sobre todo, porque nadie sabe de la espesa y pesada carga que es la inexistencia de ese "MÍ".
Y aunque sea casi transparente, aunque pase por ellos sin pena ni gloria, estoy empezando a estar harto y cabe mucha rabia contenida en un hilo, en una cabeza de cerilla...
Así que como en ese famoso big bang del que tanto hablan y se preocupan e incluso gastan cantidades que no abarca ni el mayor de sus cerebros. He invertido el proceso, esa explosión me convertirá en nada y eso es lo que ocurrirá después: nada.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/suicidio/tercera/causa/muerte/anos/elpepusoc/20080917elpepisoc_6/Tes