Ciegos, tuertos, reyes y demás...
Quiero que alguien me explique cómo es eso de llevar siempre la razón. Es más, tengo la imperiosa necesidad de sentirme por un día en posesión no sólo de la verdad absoluta, sino del encanto, la primicia, la exclusiva, la omnipresencia... Es decir, todo aquello que lucen con gala y ornato los que se creen, no ya tuertos, sino videntes, en el país de los ciegos, cuando no son más que tullidos a los que su alma ha dotado de un enorme perro guía que les defiende a capa y espada, llamado vanidad.
Porque amigos, aunque desde esta palestra que me he construido parezco una persona totalmente segura e incluso podría decir, orgullosa. Esa apariencia está años luz de la realidad, este espíritu crítico que me posee desde que tengo uso de razón, hace que mida, cuente, calibre y sujete cada palabra, acto y omisión. Escuche, admita y afirme a todo el que venga a servirme en bandeja las grietas de todas mis bases. E incluso llegar a hacerme invisible donde hace un segundo creía que todavía tenía algo que decir.
Claro que, puestos a pensar, eso de ser ciego sin más defensa que una chichonera y las propias manos siempre extendidas hacia adelante, ha hecho que a veces, sólo a veces, esté totalmente segura de eso que estoy asiendo con fuerza. Aunque venga cualquier publicista de sí mismo a venderme su pequeño universo de sombras a bombo y platillo, eso sí, siempre con la mejor intención y la más bonita de las sonrisas.
Al fin y al cabo, debe ser muy duro ser perfecto.
Dinosaurio
Cuenta la leyenda urbana que si un sonido a un volumen muy alto se acompasa al ritmo cardiáco éste puede perderse e incluso llegar a la muerte.
Anoche pude comprobar que esto es una enorme falacia.
Porque anoche la música de Dinosarurio sonaba, grande, enorme, hasta llegar a acompasarse con todos los corazones de los allí congregados, hasta hacer que todos y cada uno latiéramos al unísono.
Y nadie murió, por supuesto que no, sino que viajamos, con ese ritmo por alas fuimos a lugares tan lejanos como nos marcaban sus notas o tan cercanos como las caricias de sus melodías, o la mirada desde la pantalla.
Llevábamos el paso marcado por el soldadito del piano, de expedición con el robot en su universo, perdiéndonos en el bosque mientras jugábamos con el monstruo... Oscilábamos desde lo desconocido a lo cotidiano con suave fluidez o con contundentes golpes. Nos perdíamos en el exterior cuando intentábamos encontrar la salida de nuestro interior...
Claro que si un grave, un sonido, se acompasa con tu corazón no mueres. Al contrario, vives un instante en la eternidad por esa canción, montado en un Dinosaurio.
Gracias.
Líneas
Existe una fina línea, imperceptible diría yo, pero infinita.
Es esa línea que nos separa de cualquier estado, final, consecución, premio...
Desde lo más pequeño y cotidiano a lo más grande y trascendental. El sueño, el deseo, el amor, el odio, la mediocridad, el éxito, la locura, la felicidad...
Estamos al borde de esa minúscula línea en miles de ocasiones, pero si alzamos la vista no llegamos a abarcarla.
Podemos agarrarnos a ella como a un salvavidas, cuando algo, alguien, nosotros mismos, nos empujamos a cruzarla.
Podemos tomar miles de kilómetros de carrerilla para saltar apenas unos milímetros, sin conseguirlo en la vida.
Podemos quedarnos sentados observando el otro lado, creyendo que cuando queramos podemos alargar la mano, sin hacerlo nunca.
Podemos cruzarla sin querer, de un tropezón.
Incluso podemos jugar con ella como a la comba, durante toda nuestra existencia.
Nos encontramos con varias, decenas, miles. Las eludimos o las buscamos. Temblamos o nos lanzamos con los ojos cerrados. Hemos llegado hasta a arrepentirnos de cruzar alguna que otra.
Hasta lo último que hacemos es cruzar una, la más fina..., la más difícil.
Todo merece la pena...
Puede hacer reír hasta límites insospechados, con una frase incluso una palabra.
Es capaz de dar la vuelta a cualquier embrollo y que sea lo más sencillo del mundo.
Tiene la capacidad de escuchar y observar, sin querer imponer ni enjuiciar.
Convierte un pantalón de pijama en un espectáculo circense diario.
Sabe dar la mano, besar, abrazar... Algo que, aunque no lo hayáis pensado nunca, no es nada fácil.
Te presta sus alas y hace que vueles, hasta lo más alto, allí donde nadie te alcanza.
Tiene un don para hablar con gatos, geckos, monos..., y que estos la adoren.
Si miras fijamente esos ojos grandes, allí en el fondo, puedes ver ese refugio donde te gustaría vivir.
Te hacer sentir, en cada momento, la persona más importante, la única.
Y hace que todo, absolutamente todo, merezca la pena.
Te amo Vicky.
Y si mañana no existiera, es igual, todo ha merecido la pena.
ESTO NO SE PARA...
YO soy RARO
Tengo que ser RARO. Tengo que ser original. Tengo que ser inclasificable, indefinible, inadpatado... Tengo que tener aficiones impronunciables, ineludibles e irrealizables. Tengo que ser ÚNICO en mi especie, en mi entorno, en mi hábitat... Tengo que ser todo un animal en peligro de extinción. Tengo que ser el primero, el único y el PRECURSOR. Tengo que sentir que el mundo está contra MÍ y que yo peleo contra el mundo. Tengo que saber que NADIE me entiende y que no comprendo a nadie. Tengo que tener la certeza de que sé más que ELLOS y de que ellos no conocen ni la decima parte. Tengo que afianzarme cada día en este increíble YO.
Pero por una décima de segundo todos y cada uno de nosotros hemos necesitado de un TÚ, (aunque sea vulgar, ordinario y esté a años luz).
El monstruo
Brit pop, ciberpunk, drum and bass, trip hop, down tempo, house, energie, gothic rock... Hapennings, performances, raves, festivales, showrooms, macroconciertos, jam sessions... Cine digital, videoarte, instalaciones electrónicas... Rafting, puenting, bugging, parkour, skate, cycling, snowboard... Y más de lo que la imaginación pueda abarcar, más, muchísimo más...
Y con todo ello hemos creado un monstruo y se devora a sí mismo..., y nos devora a nosotros... Simplemente, porque se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Se aburre...
Algo...
¿Qué necesitas para recuperarte? ¿Qué te hace falta para volver a ser tú? ¿Qué produce que tu interior se estremezca desde los cimientos? ¿Qué puede hacer que no haya nada más, ni nada menos?
Algo que has podido estar buscando desde... desde que te diste cuenta que desgraciadamente, lo perdiste. (Ya sé que suena obvio, pero no lo es, ni fácil, ni inmediato...).
Algo que por mucho que investigues, observes, disecciones, no sabes cómo definir, qué nombre poner, porque se te ha olvidado, porque la costumbre lo mató.
Algo que crees que ya no te corresponde porque ya lo saboreaste, pero lo terminaste fagocitando, asimilando y eliminando.
Algo tan sencillo, tan simple que te parece mentira que lo sea.
Algo como tomar esa decisión de ir a tal sitio o tal otro. Como decidir cómo pasar la noche. Como poner una canción u otra. Como tomar otra copa más o no...
Algo como cruzar una mirada, escuchar una risa, decir unas palabras...
Algo tan simple como saber tu nombre, quién eres, qué haces...
Algo tan normal como una noche más hace un año...
Algo..., que hace que la recuerdes para siempre.
Gracias por eso: tan simple, sencillo, instantáneo, efímero... Por esto: tan grande, fuerte, completo...
Graciaspor ti... y por mí.